jueves, 12 de febrero de 2015

Valentina, funcionaria pública: “Mujeres trabajamos el doble que hombres”

Levantarse de madrugada, hacer el desayuno, avanzar algo del almuerzo y luego llevar a los niños a la escuela. Llegar a la oficina, corriendo porque un minuto demás significaría un descuento. Salir al medio día, ir a recoger a los niños de la escuela, llegar a casa para terminar de cocinar y atender al esposo y los cinco niños.

Volver al trabajo por la tarde, terminar de registrar la correspondencia. Ir a dejar todas la notas realizadas por el jefe durante la mañana; ojalá él no esté de mal humor porque a ella le tocará soportar su mal gesto y uno que otro grito: -¡Valentina dese prisa! ¡Ya le dije mil veces que todo el trabajo es para ayer!-

Retornar al hogar, preparar la cena, ayudar a los hijos con las tareas del colegio y luego de preparar la ropa de todos para el día siguiente… dormir.

Ella es Valentina, está casada hace 38 años y tiene cinco hijos, actualmente todos profesionales. Este año, ella cumplirá 35 años de servicio en una oficina pública.

Levantarse sobre la hora, tomarse el desayuno, que a veces está caliente y lo retrasa aún más para llegar al trabajo. Retornar a casa al mediodía, a tiempo para ver el programa de deportes. Almorzar y reír un rato con el hijo mayor, con quien ya comparte un poco más. Volver a la oficina, hoy todo elegante, pues es el cumpleaños del jefe, quien le invitó a unas copas por la noche. El es Jaime, está casado hace 38 años con Valentina.

“Yo trabajo y la mayor parte del tiempo estoy en la oficina, pero también tengo obligaciones en mi casa. En la noche llego tarde pero igual tengo que seguir atendiendo a mis hijos y a mi esposo, no es lo mismo, el trabajo que hacemos las mujeres al que hacen los varones porque ellos trabajan, llegan a la casa y no hacen nada más, nosotras somos las que tenemos que atender, ir a cocinar, lavar, limpiar y ver los niños, ahora mis hijos ya son grandes”, relata Valentina.

Así como Valentina hay muchas mujeres en Bolivia que además de tener una ocupación remunerada, deben dedicarse a la crianza de los hijos, a la atención del esposo y los múltiples quehaceres de la casa.

“Mi esposo nunca me ayudó, quizás al principio cuando comenzamos a vivir pero luego no, ahora ya son más de treinta años y ya estoy cansada, ha sido mucho sacrificio para mí, he estado muy atareada durante muchos años”, declara la trabajadora.

Ella dice que si tuviera una hija mujer le incentivaría a estudiar para que estos patrones de machismo extremo no se repitan en su vida. Sus hijos varones entendieron, en base la vida que les tocó vivir en su familia y por todo lo que pasó madre, que ahora deben actuar en igualdad de condiciones en sus respectivos hogares y ayudar a sus esposas. “Los tiempos han cambiado y eso los ayuda más”, dice Valentina.

“INCENTIVAMOS EL MACHISMO”

Jacqueline espera a su segundo hijo, cría al primero entre el trabajo y la universidad. Con ocho meses de gestación y un pequeño de cuatro años ella expresa que atraviesa una situación difícil a la hora de trabajar. Dice que a pesar de la gravidez de su estado, debe trabajar para ayudar a su pareja para tener un ingreso económico suficiente. Esta vez Marcos ayuda a Jacqueline.

“En mi caso mi esposo me ayuda, hacemos los quehaceres de la casa los dos, trabajamos juntos y nos ayudamos, pero igual es difícil, siempre tienes que estar al pendiente de la educación de los hijos y de la alimentación de la familia, que son cosas que los hombres todavía no pueden hacer”, señala la joven madre.

Jacqueline agregó que el machismo en la sociedad todavía está latente, según ella, porque la familia del varón es la que a veces complica la vida de las parejas, además de una tendencia en las mujeres a incentivar el comportamiento machista en los esposos, hijos o hermanos.

“Las mujeres hacemos más trabajo que los hombres porque la sociedad sigue siendo machista, aunque sutilmente, siempre las mismas familiares del esposo se están fijando, por ejemplo las cuñadas que se fijan si haces o no tus labores de casa, que por qué le das el quehacer a su hermano, por qué le haces lavar (…) pero igual la mujer tiene más trabajo porque nosotras somos más detallistas, y los hombre son más descuidados o despistados, así como también debe haber hombres que no lo son, pero son pocos”, considera ella.

Jacqueline tiene 28 años, está casada hace dos, trabaja en un anaquel de venta de golosinas y a la fecha culminó la carrera de Ciencias de la Educación. No ejerce su profesión por su embarazo y además porque considera que se le haría difícil cuidar de sus pequeños con un horario de oficina.

ESTADO LABORAL

Dos realidades distintas que dejan ver la situación de la mujer con respecto de su situación laboral. A propósito, un informe del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) señala una diferencia en la tasa laboral actual de 79% para hombres en relación a 65,1% en mujeres, debido a un incremento de 13,9 puntos registrado en el nivel de educación superior de la población femenina.

Sin embargo, un último estudio realizado en 2010 por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) refleja que en Bolivia existen desigualdades en el ámbito laboral y que las más afectadas son las poblaciones de jóvenes y mujeres.

El Cedla apunta a que seis de cada diez personas que buscan trabajo son mujeres y que el mercado laboral urbano, en el eje central boliviano, estaba compuesto en un 45 por ciento por mujeres. De ellas, 88 de cada 100 tenían empleos precarios.

En el 2010, 69 de cada 100 mujeres ocupadas se desempeñaban en empleos informales en comparación a 59 de cada 100 hombres. En muchos casos, a pesar de tener un mayor nivel de instrucción, las mujeres seguían ocupando más empleos precarios en comparación con los varones.

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