lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Por qué las mujeres maltratadas no abandonan a su agresor?


¿Y LAS DENUNCIAS?

6 de cada diez mujeres no denuncia a su agresor y entre las que denuncian más de la mitad intenta conciliar, según diversos estudios.

Una psicóloga que trabaja con mujeres víctimas de violencia y un sociólogo experto en masculinidades explican los motivos que llevaron a una víctima de violencia a aparecer en público protegiendo a su agresor, en un reciente caso que sucedió en La Paz y se amplificó a todo el país a través de los medios de comunicación.

Según María Elena Guzmán, psicóloga y ex directora de CIDEM, el caso Marín Sandoval-Vivian Litzi Rasguido muestra en toda su dimensión los traumas de la violencia. Explica que "el silencio y la pasividad son siempre cómplices del maltrato, y la violencia beneficia siempre al agresor".

Jimmy Tellería, sociólogo experto en masculinidades y director de CISTAC, asegura que en el caso que estos días conmovió a la ciudadanía se ha puesto de manifiesto "una relación basada en el desequilibrio de poder, de un macho típico ante una mujer golpeada, abusada e intimidada pero con fuertes rasgos de dependencia emocional, económica, social".

"¿Por qué lo protege? ¿Por qué no lo abandona? son las preguntas que solemos formular ante un caso de violencia", reconoce la psicóloga y admite que las respuestas no son sencillas, que "es fácil calificar cuando no se está en los zapatos de la víctima, pero es difícil explicar desde una visión completa del problema".
"Los hombres maltratadores son manipuladores, recurren a la persuasión para influir en la conducta de sus víctimas, y lograr siempre el perdón aun cuando ejercen la violencia de manera sistemática", explica Tellería desde su experiencia de trabajo con hombres violentos.

Ambos coinciden que diferentes estudios han abordado estas conductas y han constatado que las causas que provocan que las mujeres maltratadas permanezcan privadas de su derecho a vivir una vida libre de violencia son siempre las mismas.

"En Bolivia o en la Cochinchina, se trata de violencia de género, por tanto de la forma como nos enseñan a ser mujeres, ese estereotipo de feminidad tradicional que, entre otros rasgos, incluye todo lo relacionado con lo emocional, con el afecto, con la necesidad de agradar, con los cuidados, con el apego", sostiene Guzmán.

Y estos mandatos de género, añade Tellería, "determinan que las mujeres víctimas de violencia terminen defendiendo a sus golpeadores por dependencia emocional (las mujeres creen en el enamoramiento de novela romántica), por pena (se ha enseñado a las mujeres a anteponer el cuidado del otro antes que el propio), por abnegación (con la idea de que hay que aguantar todo por la pareja y la familia), por la culpa y el vacío ante la pérdida".

Según María Elena Guzmán, diversos estudios muestran que seis de cada diez mujeres no denuncian a su agresor y entre las que denuncian más de la mitad intenta conciliar. "Todas sienten miedo. Un alto porcentaje siente compasión por su agresor. Muchas tienen sentimientos encontrados: odio, venganza, afecto, amor, indiferencia. La mayor parte de las víctimas desea que su pareja se recupere para seguir viviendo con él", añade.

Y la forma de actuar del maltratador tiene también rasgos muy típicos, explica Jimmy Tellería, "después de agredir hacen como si no hubiera pasado nada, amenazan, muestran arrepentimiento, intentan explicar su conducta, alegan celos, echan la culpa a la víctima, las insultan".

Hay coincidencia en que en el caso Marín Sandoval-Vivian Litzi Rasguido es posible que el vínculo traumático se haga más poderoso porque "está visto que el castigo físico es administrado a intervalos, es decir, que se combina el castigo con actitudes amigables. El reforzamiento negativo acrecienta aún más el vínculo, la conducta de arrepentimiento se asocia al cese de la violencia y la fase de ‘luna de miel’ queda reforzada. La víctima requiere tratamiento de shock para recuperar el sentido de sí misma".

A todas luces "es una relación peligrosa", opina Tellería, "y el desenlace político y público de este caso puede conducir a una coerción extrema con funestas consecuencias. La verdad es que el que pega una vez lo vuelve a hacer. Un golpe no sucede una vez, sucede una y otra vez".

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