sábado, 12 de enero de 2013

La mujer práctica



- Dices que las mujeres son emocionales y los hombres racionales. Pero en realidad es todo lo contrario - le dije a mi mujer.

- ¡Nada de eso! -sonrió ella-. La mujer se mueve por el corazón y el hombre, por la razón. Es un axioma.

- La mujer es un cálculo pragmático -le objeté-. El hombre es vehemente, apasionado, con movimientos imprevistos del alma. ¿Por qué la mujer suele administrar el presupuesto de la familia? Precisamente porque es práctica. Ella calcula, sopesa, distribuye. Es una computadora con falda.

- Si en la familia aparece un poco más de dinero, la mujer lo gastará de un modo práctico y sabio: comprará muebles, ropa… ¿Y el hombre? Sin pensarlo dos veces, lo invertirá en comprarse un coche. Provocando así una reacción en cadena de gastos sucesivos: en gasolina, reparaciones, piezas de repuesto, garaje… Hasta quedar endeudado para toda la vida.

- Existe la amistad desinteresada de los hombres -proseguí- En cambio, las mujeres ni siquiera conocen ese concepto. La amistad de mujeres es, simplemente, una alianza provisional basada en motivos prácticos. Y si el hombre gasta su ocio a toda máquina, la mujer no lo sabe hacer. Mira, ahora yo hablo y tú escuchas. Pero no sólo escuchas sino que también tejes. Y yo, si hablo, me dedico a ello por entero.

- Los hombres somos románticos. Los hombres somos despreocupados buscadores de aventuras. Un hombre puede fácilmente compartir con una compañía poco conocida hasta más allá de la medianoche, y no necesariamente con una botellita, no me mires, por favor, con tanta ironía. Mientras que la mujer seguirá pegada todo el tiempo al hogar con sus quehaceres. Ulises y Penélope; así ha sido siempre.

- Ulises es un mito -objetó mi esposa.

- Eso depende. Pero bien, que sea un mito. Supongámoslo. Puede aludir otros ejemplos: Cook, Bering, Sedov. En aras de un sueño ilusorio -a veces irrealizable- sacrificaron fácilmente su bienestar doméstico. Ahora veamos si me nombras a tres mujeres descubridoras de nuevas tierras.

- Mi mujer se puso a pensar. Luego se encogió de hombros.

- Tal vez tengas razón en eso.

- La discusión ha terminado. Agarré el periódico y me dispuse a ir a otro cuarto.

- Un momento -me detuvo mi mujer-. En vez de pasarte recostado en el sofá sin provecho alguno, mejor te pones a escribir lo que me acabas de decir.

- ¿Para qué?

- Puedes enviarlo a un periódico y quizá te lo publiquen.

- ¿Tú crees? – pregunté.

- Y ¿sabes? –siguió mi mujer pensativa-, cuando des los ejemplo, no menciones a Bering, Sedov y ¿cómo es el otro?

- Cook.

- Eso es. Mejor, que sean Przhevalski, Miklujo – Maklái y Bellingshausen.

- ¿Pero qué diferencia da?

- Mucha. Son más letras y por lo tanto, más líneas. En los periódicos pagan por línea.

De Literaturnaya Gaceta.

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