miércoles, 22 de agosto de 2012

Una familia que suma 818 años es la más longeva del mundo

Compuesta por nueve hermanos que juntos suman más de 818 años, 105 de los cuales corresponden a la mayor, la familia Melis, residente en Cerdeña, ostenta el récord mundial de longevidad, certificado por Guinness, informaron ayer varios diarios italianos.

Según el periódico local L’Unione Sarda, “tras siete años de investigación en los cinco continentes, Guinness confirmó que la familia Melis ostenta el récord mundial de longevidad”.

Los Melis proceden de Perdasdefogu, en la región de Ogliastra, en el centro-este de esta isla italiana. Hasta el 1 de junio de 2012, los nueve hermanos y hermanas, todos vivos, sumaban 818 años y 205 días.

La mayor, Consolata, quien, a su vez, tiene nueve hijos, 24 nietos, 25 bisnietos y tres tataranietos celebrará hoy sus 105 primaveras. La segunda es Claudia que, con 99 años, está más sana que una manzana y se la vio “en primera fila el lunes en la misa de su parroquia”, según L’Union Sarda.

Le sigue María, de 97 años, que tiene “algunos problemas de salud desde hace poco”, según el diario. Después están Antonio (93 años), Concetta (91), Adolfo (89) que todavía trabaja en su bar de Perdasdefogu, Vitalio (86) y Vitalia (81), que, como la benjamina, Mafalda (78), viven en Cagliari.

Todo un récord

Los distintos diarios italianos informaron de que Cerdeña, y en particular la zona de Ogliastra, ostenta el récord italiano y una de las marcas mundiales de longevidad con medias que alcanzan las 22 personas centenarias por cada 100 mil habitantes, frente a las ocho del resto de Italia.

Según Luca Deiana, profesor de bioquímica clínica en la universidad de Sassari y que, desde 1996, estudia a los aproximadamente 2.500 centenarios de la isla, el secreto de la longevidad de los habitantes de Cerdeña “no reside en un único factor”.

“Por un lado, está la genética, una longevidad heredada... pero también la buena tierra y sus frutos, especialmente las peras y ciruelas que contienen sustancias que pueden contribuir a la longevidad”, declaró al Corriere della Sera.

También citó la posible influencia de “campos magnéticos” y el impacto de “la cultura, no en el sentido de la instrucción, sino en el de las tradiciones familiares (que) contribuyen a hacer vivir más a nuestros centenarios”.

Los más longevos
Récord Jeanne Calment (1875-1997) fue el humano más longevo de la historia: vivió 122 años y 164 días.


Países Según la OMS, los hombres más longevos del mundo viven en San Marino (Italia), mientras que las mujeres japonesas son las que disfrutan de mayor esperanza de vida.


Peores Los hombres de Sierra Leona tienen una esperanza de vida de 37 años y las mujeres de Suazilandia (África) tiene la peor esperanza de vida del mundo.

Mujeres célebres Cleo­pa­tra

Una erró­nea creen­cia nos ha­ce pen­sar que por las ve­nas de la cé­le­bre Cleo­pa­tra, co­rrió san­gre egip­cia, más la ver­dad es la si­guien­te: es­ta be­lla mu­jer na­ció en Ma­ce­do­nia, ciu­dad grie­ga si­tua­da al N. de Gre­cia, ha­cia los años 68 0 69 a. de J. C. Ma­ce­do­nia fue la an­ti­gua Ale­jan­dría de Egip­to, ca­pi­tal de su rei­no y grie­go el idio­ma de su cor­te. Per­te­ne­ció a la di­nas­tía fun­da­da por To­lo­meo, ge­ne­ral ma­ce­do­nio, lu­gar­te­nien­te de Ale­jan­dro Mag­no, que se adue­ño de Egip­to y to­mó el tí­tu­lo de rey a la muer­te de su je­fe.

En el año 51 a. de J. C., fa­lle­ció To­lo­meo XII, Au­le­tes, pa­dre de Cleo­pa­tra, por en­ton­ces la be­lla mu­jer te­nía 16 años de edad, fue cuan­do en­tró a rei­nar jun­to a su her­ma­no To­lo­meo XIII, ni­ño de es­ca­sos 10 años. Se di­ce que Cleo­pa­tra fue una mu­jer de mu­chas am­bi­cio­nes, que lle­gó al sui­ci­dio por las re­la­cio­nes amo­ro­sas que tu­vo con el ge­ne­ral ro­ma­no Mar­co An­to­nio.

Lo cier­to es que Cleo­pa­tra apar­te de su en­can­ta­do­ra her­mo­su­ra, po­seía una ex­traor­di­na­ria in­te­li­gen­cia, se ex­pre­sa­ba con fa­ci­li­dad en los seis idio­mas que ella co­no­cía; era ver­sa­da en his­to­ria, li­te­ra­tu­ra y fi­lo­so­fía.

Co­noció a Ju­lio Cé­sar cuan­do és­te lle­gó a Egip­to en per­se­cu­ción de Pom­pe­yo, el de­rro­ta­do ge­ne­ral ro­ma­no que le ha­bía dis­pu­ta­do el po­der po­lí­ti­co de Ro­ma en el año 48 a. de J. C.

Des­de el pri­mer mo­men­to que se vie­ron que­da­ron pro­fun­da­men­te ena­mo­ra­dos y se unie­ron. Tu­vie­ron un hi­jo que se ape­lli­dó Ce­sa­rión. Lue­go de las exi­to­sas cam­pa­ñas mi­li­ta­res em­pren­di­das por Ju­lio Cé­sar en Asia Me­nor y el Nor­te de Afri­ca, ca­yó ase­si­na­do ba­jo el pu­ñal de los con­ju­ra­dos de Ro­ma, entre ellos su hi-jastro Bruto. En­ton­ces Cleopatra vol­vió a Egip­to des­con­so­la­da por la pér­di­da de su ama­do.

Años des­pués, cuan­do Mar­co An­to­nio lle­gó a Ale­jan­dría, la her­mo­sa rei­na de Egip­to, se unió a es­te ge­ne­ral por ra­zo­nes po­lí­ti­cas; y del fru­to de es­ta unión na­cie­ron sus hi­jos me­lli­zos. La fa­ta­li­dad nue­va­men­te en­vol­vió la vi­da de Cleo­pa­tra, ya que Mar­co An­to­nio se qui­tó la vi­da an­te el avan­ce in­con­te­ni­ble de las tro­pas de Oc­ta­vio a Ale­jan­dría. Cleo­pa­tra y sus hi­jos fue­ron to­ma­dos pri­sio­ne­ros, y an­te el te­mor de ver­se hu­mi­lla­da, ya que se­ría en­ca­de­na­da, lle­va­da por las ca­lles de Ro­ma y lue­go se­ría eje­cu­ta­da, pre­fi­rió sui­ci­dar­se.

Se­gún la le­yen­da, se de­jó mor­der por un ás­pid, ser­pien­te muy ve­ne­no­sa, que uno de sus súb­di­tos le en­vió ocul­to en un ces­to de hi­gos. Su hi­jo Ce­sa­rión tam­bién co­rrió con te­rri­ble suer­te, ya que fue eje­cu­ta­do por los ro­ma­nos y Egip­to se con­vir­tió en una sim­ple pro­vin­cia de Ro­ma.

Feminicidios Asesinan a dos mujeres cada 3 días en Argentina

Cada tres días hay dos asesinatos de mujeres por violencia machista en Argentina, donde se registraron 119 homicidios por esta causa durante el primer semestre del año, señala un informe del Observatorio de Feminicidios, divulgado ayer.
En siete de cada 10 casos, los principales sospechosos son los maridos o las exparejas de las víctimas.
La coordinadora del, organismo, Fabiana Túñez, aseguró que la situación para las mujeres es difícil y que día a día el trato violento se incrementa.
“Aumentaron en los primeros seis meses del año, los casos que tuvieron denuncias previas por parte de las víctimas y exclusiones perimetrales (de los presuntos autores) y que aun así terminaron en femicidio”.
En al menos 16 casos, las víctimas plantearon las denuncias por violencia contra sus esposos o exparejas y, en seis de ellos, los agresores tenían una orden judicial de exclusión del hogar o prohibición de acercarse a la denunciante. Túñez dijo que para enfrentar este mal se requieren políticas públicas de prevención. EFE

martes, 21 de agosto de 2012

Video La boliviana dueña de las calles de Londres



María cambió La Paz por Londres hace más de 20 años y ahora se conoce al dedillo las calles de la ciudad.

Desde su enorme autobús, esta boliviana fue testigo de primera línea del enorme cambio que vivió la capital británica durante las olimpiadas.

El cambio no fue fácil, pero María asegura que tampoco fue complicado sacarse la licencia y que disfruta de su trabajo, donde afirma puede conocer a gente muy diferente.

Vea este video de Álvaro A. Ricciardelli para BBC Mundo sobre María y su autobús.

jueves, 16 de agosto de 2012

La oscura historia de mujeres bolivianas en una casa uruguaya


Por Mariana Contreras, Brecha, Montevideo

Era la punta de una madeja que prosiguió con una denuncia en un juzgado del crimen organizado. Brecha conversó con varias de las trabajadoras que llegaron para cumplir tareas en la casa de Nathalie Manhard y en la de su padre, Enrique Manhard, miembros de una de las familias más adineradas del país. Las trabajadoras relataron cómo son captadas en su país, las condiciones a las que son sometidas en Uruguay y lo difícil de escapar cuando el mundo es tan ajeno. En el Uruguay de 2012, una historia de gente que se piensa con derecho a ser dueña de otra gente. Por suerte el Estado esta vez parece estar dando todas las garantías necesarias. Se las había arreglado sola, siempre. Incluso cuando se fue a Buenos Aires, y también a San Pablo, a trabajar en talleres de costura, y dormía y trabajaba y comía y vivía en una pieza. Seguramente en alguna de esas maquilas tan infames como ilegales, que dos por tres son noticia en la televisión cuando se incendian, o cuando se descubre que allí trabajan cientos de migrantes irregulares por salarios miserables.

Pero esa mañana, cuando su sobrina la invitó a probar suerte en la agencia de colocación de personal llamada Verónica, Laura -así le diremos a los efectos de esta nota- aceptó. Hacía poco sus antiguos empleadores se habían mudado de La Paz a Santa Cruz y ella no los siguió porque sus hijos van al colegio en la capital boliviana. Así que decidió probar suerte. Apenas llegó, “Vero” le preguntó si quería trabajar en Uruguay. Se extrañó, pensando que le hablaban del mercado paceño, famosa por ser lugar de venta de pescado; pero no. “De Argentina, más allá”, le aclaró la dueña. “Anímate. Es una señora muy rica, paga muy bien, trata muy bien a las muchachas.” Preguntó cuánto era el salario y Vero aseguró: “Quinientos dólares para empezar. El segundo mes te va a aumentar 100 y vas a ganar 600 dólares”. Mientras ella sacaba cuentas y dudaba, Vero marcó un celular y lo dejó sonar un par de veces antes de cortar. Miles de kilómetros al sur, Nathalie Manhard Sasson entendió el mensaje y con presteza devolvió la llamada. Instantes más tarde boliviana y uruguaya mantenían el diálogo:

-El trato es que te voy a pagar 500 dólares. Pago muy bien. Tengo otras muchachas bolivianas ¿sabés limpiar?

-Sí, tengo certificados de trabajo.

-¿Estarías dispuesta a venir?

-No sé, es que tengo niños.

-¿Tenés a quién dejárselos?

-Con su papá o mi hermana.

Durante la conversación, “Vero me dice: ‘¿Para qué le dices que tienes hijos? No tengo hijos, debes decir’. Y me dice la señora: ‘No hagas caso a lo que dice Vero, hacé caso a lo que yo te pregunto y contéstame’. Y yo le contestaba todo: sabía limpiar, sabía de costura, porque en Buenos Aires y San Pablo he trabajado en talleres de costura. Me pidió mi teléfono pero le di el de mi hermano, porque no estaba decidida a trabajar. Vero me decía: ‘Anímate, anda. Es una señora millonaria, que bien paga. No es cualquier señora, una cónsul, me dicen que es. Dicen que es bien grande, bien linda, la casa.

Las otras muchachas que trabajan me dicen que es bien buena. ¿Quieres hablar con las otras?’. Hablando no voy a ganar nada. El lunes vengo si no encuentro trabajo”. Y se fue.

Después, todo sucedió muy rápido. Cuando llegó a su casa, Manhard ya se había comunicado nuevamente. Horas más tarde volvió a llamarla y prometió: “Si te quedas un año no te voy a descontar el pasaje. Te voy a dar un celular, te voy a dar un chip”. “Yo debía al banco -cuenta ahora la trabajadora a Brecha-, y mi hermano y mi cuñada me decían que así pagaría más rápido. No es que 500 dólares fuera mucha plata. Son 3 mil quinientos bolivianos porque el dólar allí está muy bajito, pero me venían como anillo al dedo, como dicen. Que yo esté aquí, no gaste en mis pasajes. Podía mandar un monto para mis hijos y otro para el banco”. Cuando el domingo a la mañana Manhard insistió con un nuevo llamado y aseguró que había girado dinero a Vero para el pasaje, Laura decidió aceptar.

El martes al mediodía tomó el bus que la separaría de la cordillera de los Andes para, tres días después, dejarla con el mar a sus pies en Montevideo. Tomó el taxi negro y amarillo tal como “la señora” le había indicado y minutos más tarde arribó a la mansión ubicada en Américo Ilaria, entre Viña del Mar y Copacabana. Los 400 pesos del taxi los pagó la cocinera. Dejó sus cosas en la habitación, se dio un baño, e instantes después comenzó su trabajo. Enseguida su identidad comenzó a desdibujarse. A partir de ese momento era “la de la planta baja”, como se llama en aquella casa a la encargada de la limpieza de ese sector. No imaginaba todo lo que viviría en los próximos meses.

En la residencia de Carrasco trabajan cuatro personas, siempre de origen boliviano (una “planta alta”, una “planta baja”, una niñera y una cocinera). La paciente reconstrucción que hizo el colectivo feminista Cotidiano Mujer -institución a la que se acercaron varias mujeres en busca de ayuda- permite saber hoy que al menos 12 ciudadanas de aquel país pasaron por la casa en el último año. Todas llegaron a través de la agencia Verónica, solicitadas por Nathalie Manhard. Viajaron por tierra, sin contrato, permanecieron de forma irregular en el país. Recibían 500 dólares de salario, trabajando prácticamente el doble de horas de lo estipulado por ley y con un descanso de cuatro horas semanales, nunca en fin de semana.

Brecha está en condiciones de informar que Manhard también contactaba a la agencia boliviana en procura de personal doméstico para sus amigas y para sus padres (Enrique Manhard y Vivianne Sasson). Al menos en la casa de sus padres, las trabajadoras recibían un trato similar. Según el testimonio de una ex trabajadora de esa casa, el vínculo laboral en ese lugar también era a través de Nathalie. Era ella quien decidía todo lo referente al trabajo. Relatan también que, mientras su madre solía mantener un trato amable, Enrique, el padre, era parecido a su hija en la forma de dirigirse a las trabajadoras.

Otra de las constataciones es que cuando el vínculo laboral finalizaba (sea porque no aguantaban el nivel de estrés o porque Manhard decidía que no trabajaran más) eran “despachadas” (tal es el término que utilizan) a Bolivia, incluso contra su propia voluntad. A partir de que algunas lograron permanecer en el país es que se conoció la historia.

LA SEÑORA TIQUI TIQUI

“Tiqui tiqui. Acá se viene a trabajar”, cuentan que decía Nathalie Manhard a sus empleadas, mientras movía ágilmente los dedos en señal de caminata. “Hasta ahora tengo en mi mente esa palabra”, comenta una de ellas mientras repasa algunos de los hechos que muestran, además de las irregularidades y el incumplimiento de las leyes, un fuerte componente de racismo y clasismo por parte de la empleadora.

“Nos teníamos que parar a las 6 de la mañana y el desayuno debía estar servido a las 7 en punto. ‘La comida de la casa’, decían ellos, porque tienen la cocina principal y la cocina del servicio. Y la comida del personal es muy distinta a lo que ellos comen. Nos compraba carne picada común, un quilo, que tenía que durar un mes. Lo que más comíamos era polenta con pulpa de tomate o fideos hervidos con pulpa de tomate o con atún. El jardinero no estaba autorizado a comer, pero la cocinera decía ‘yo tengo hijos, sobrinos’, y tratábamos de cocinar algo más y le dábamos. Nuestro plato de lujo era arroz con huevo, o con pancho. Muy rara vez podíamos comer lenteja. No podíamos comer tomate, salvo que estuviera a precio bajo. No podíamos comer lechuga porque es carísima. Pero había rúcula (hortaliza) en su huerto y podíamos comerla. El desayuno era con un paquetito de Nescafé. No podíamos tomar leche, Si era temporada de manzana compraba una bolsa para nosotras, pero otra fruta no se podía comer. Ni banana ni otras cosas más.

Un día, enterada de que una trabajadora decía que ya no quería comer, Manhard les dijo: “Si nadie quiere comer lo que les doy aquí, pueden salir, comprarse con su plata. Hay Mc Donald’s; pueden ir a comer ahí, puede ir a comer al restorán, si tienen plata”. A la mala alimentación se le sumaban las extenuantes jornadas de trabajo: un promedio de 14 horas de lunes a lunes, con media hora para comer, y una hora de descanso que difícilmente podía cumplirse porque siempre había tareas para hacer. “No tenía ese tiempo”, dice una trabajadora. Después de la limpieza de las habitaciones, había que ayudar en la cocina, y además “tenía que planchar. Planta alta lavaba y planta baja planchaba. Decía en la carpeta (un “manual de instrucciones” que se les entregaba a su llegada).

La misma señora nos hacía pelear. “Demasiado estrés, era”. Por ejemplo, dice el manual que la persona encargada de la planta baja debe, según el día de la semana, limpiar el hall de entrada y el baño de visitas, el breakfast, el comedor, el living, el lavadero, el depósito de deportes, el dormitorio y el baño de huéspedes, el depósito frente al dormitorio de servicio, el baño y el hall del escritorio, el estar, el billar, el playroom y su baño, la barbacoa, con su baño y cocina incluidos. Entre sus tareas también está tender y servir la mesa durante la comida, lavar a máquina y a mano, colgar y secar la ropa, limpiar y lustrar zapatos, guardar la ropa y el calzado. Asimismo debe ayudar a la cocinera (salvo los días que está cubriendo a la niñera) en el mantenimiento de la cocina principal.

Al principio pensaba que el trabajo en Uruguay “debe ser así”. Pero un día la cocinera, que llevaba más tiempo en la casa, dijo que así no era. Eso le había comentado una profesora uruguaya que durante un tiempo frecuentó la casa. Le habló de las leyes, del descanso, de la limitación de la jornada y los beneficios que les correspondían y de los cuales no tenían noticias. Las trabajadoras no tenían a quién preguntar. No conocían a nadie en el país, no sabían a quién recurrir. Es que el trabajo migrante, cuando además es irregular, atrapa y congela. Sólo tenían cuatro horas semanales libres. Eso impedía su movilidad a lugares alejados de la residencia de Carrasco, a lo que se le suma el temor (el autoimpuesto y el propiciado) de ser “atrapadas” en tanto que, luego de los primeros tres meses, su permanencia en el país era irregular. “Si saben que están irregulares las detienen”, cuentan que les decía Manhard, quien hacía rato había perdido las buenas formas que mostraba por teléfono.

“Una noche se rompió una carpa que en la mañana se abre y en la noche, antes de que entre el sol, se recoge. No sabemos qué pasó. Me agarró primero a mí, me gritó que era una muerta de hambre, que ella hacía comer a mis hijos. Que con lo que ganaba ni en 20 años podía pagarle porque esa carpa costaba más de 20 mil y pico. Luego tomó a la otra. Pero con unos ojos, tenía un carácter... una voz que te hace temblar. Yo con sólo mirar a esa señora le tengo miedo. Hasta el día de hoy le tengo miedo, un miedo grande. Te grita, te da como unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma.”

SALIR DE AHÍ

Los intentos por conocer sus derechos fueron permanentemente boicoteados. Un día la cocinera decidió que saldría muy temprano y utilizaría sus horas libres para ir al Ministerio de Trabajo. Salió, volvió sin haber encontrado la sede, pero con la certeza de que en Uruguay las cosas no eran como las pintaba Manhard. “Nos iremos”, le dijo a Laura. “Una muchacha ya había escapado de la casa; había sacado su maleta por la ventana y se había escapado. Estaba antes que yo llegara,” contó. Pero el plan en este caso era otro: “Le diremos que nos vamos a ir, y nos vamos a Punta del Este, que pagan bien”, dijo la cocinera. A los pocos días Manhard le anunció que le adelantaba las vacaciones porque ella viajaría a Punta del Este, a casa de su madre. La cocinera propuso ir con ella pero la dueña de casa dijo que su madre tenía su propio personal, que visitara a sus hijos en Bolivia y que se verían al regreso. Para ella quedaba claro que estaba siendo “despachada”. “Lo mismo sucedió con otra muchacha que estaba averiguando. Una peruana le había dicho que el trabajo es bien distinto. Eso fue en la mañana, y en la noche la despachó a Bolivia.”

Era domingo por la tarde cuando la cocinera debió abandonar la casa. Al poco rato llamó. “Como había estado más de ocho meses no podía salir sin pagar a Migraciones. Pero como era domingo no podía. La señora Nathalie le dijo que se volviera.”Sin embargo, a la mañana siguiente “la señora se tomó la ‘amabilidad’ de llevarla a Migraciones y despacharla en el ómnibus de Tres Cruces hasta Buenos Aires. Su plan no dio resultado. Esa noche sólo hablamos ella y yo, luego se fue y perdimos contacto. Pero ahí supimos cómo era. La muchacha de la planta alta conoció a una peruana y le dijo lo mismo: el trabajo no es así.” Para ese entonces Laura ya había anunciado a Manhard que quería viajar a Bolivia en verano, cuando se cumpliría más de un año de su llegada al país. “Ella me decía: ‘¿Por qué te vas a ir, si tú me agradas? Haces bien las cosas, la costura, peinas’. Pero yo decía que extrañaba a mis hijos. Quería salir de esa casa porque era mucho, yo no daba más.”

DESENLACE

¿Cómo supo la dueña de casa las intenciones de la cocinera? Según el relato de varias trabajadoras (que no se conocían entre sí hasta su encuentro en Cotidiano Mujer), en la residencia hay cámaras y micrófonos que permiten ver y escuchar todo lo que sucede. “(Nathalie) estaba en Punta del Este y en la computadora veía lo que sucedía en la casa”, dijo a Brecha una de las trabajadoras de la casa de los padres, que en el verano cumplía funciones en su residencia del balneario. “Una vez vinieron a arreglar una pared y ella llamó preguntando quién era la persona que estaba en el pasillo.” Un relato similar fue aportado por otra trabajadora, que cumplía funciones en casa de los padres Mahard: “Una vez me puse muy triste. A veces me digo qué estoy haciendo aquí. En eso, me llama la señora y pregunta si me pasa algo, no sé cómo supo que estaba llorando. Le dije que me iba a retirar. Ella quería volverme a Bolivia. Me dijo que esperara hasta el 2 de agosto”, narró a Brecha.

La “señora” a la que hace referencia es Nathalie, puesto que era ella quien gestionaba los temas con el personal de su madre. Días después las dos trabajadoras bolivianas que cumplían funciones allí fueron trasladadas sin previo aviso a Migraciones para cambiar la tarjeta de entrada por una de salida del país. En la noche el chofer las llevó a Tres Cruces, con el cometido de “despacharlas” a Buenos Aires. “Vino la señora a pagarnos, con los descuentos. Yo contaba con 400 dólares para llevarlos”, al igual que la otra trabajadora. “Pero viendo la plata ya no llegábamos. Habíamos venido con poca plata pero ya regresarnos sin nada. No queríamos volver.

Yo estaba llorando (en la terminal) cuando vino una señora que nos preguntó qué nos pasaba. Nos ha dado la dirección de un refugio donde fuimos a pasar la noche (la Casa del Inmigrante César Vallejo). Lo encontramos como a las 12 de la noche. Al día siguiente estábamos en plaza Independencia y una amiga nos trajo aquí” (se refiere al local de Cotidiano Mujer).

Es en la casa del colectivo feminista donde confluyen las historias y donde varias de las trabajadoras bolivianas han tenido contacto entre ellas por primera vez. Laura también llegó a Cotidiano después de abandonar la casa de los Manhard: “La señora quería que firmara un papel y yo he firmado. En ese papel me descuenta hasta el último centavo del pasaje que me había pagado. Pensé que me llevaba como 400 y pico de dólares. Salí con 200 dólares. Mi compañera no quiso firmar, entonces el jardinero le impedía el paso. Ella quería salir y denunciar porque una peruana ya le había hablado de Cotidiano. Ella logró salir antes y yo después”. Cuando ambas se encontraron “ya empezaba a asustarme, porque la señora había dicho que nos iban a detener, y como siempre me dijo que ella tenía mucho poder. El día que me fui dijo: ‘Si hoy día no van a partir a Bolivia yo voy a mover mis contactos y ustedes van a estar detenidas’”. La historia de esta persona, que luego sería víctima de una privación de libertad, o secuestro, o como jurídicamente pueda llamarse, sería la que finalmente desencadenaría la denuncia judicial. Pero al principio: “Me he resignado, lo dejo así y busco otro trabajo. Al fin y al cabo no le debo nada a esa señora. Me alejé. Me hice a un lado porque me dijo que tenía tanto poder. El que tiene tanta plata siempre sale ganando.

DE TAL PALO TAL ASTILLA

En la calle Américo Ilaria, en pleno Carrasco, se levanta la imponente mansión del matrimonio compuesto por Nathalie Manhard y Javier Fernández. Ella es empresaria, uno de los pilares del grupo Parisién, que agrupa las cadenas de tiendas Parisién, Indian Emporium, Indian Oulet y La Casa de las Telas y que es propiedad de su padre Enrique Manhard. Javier Fernández es vicecónsul honorario de Malta y dueño de la empresa Frimaral, única en el país dedicada al diseño y desarrollo de contenedores y módulos tanto para transporte y depósito de mercadería como para soluciones habitacionales. Su padre, Alberto Fernández, ostenta el cargo de cónsul honorario del mencionado país, pero es más conocido como propietario de la empresa pesquera Fripur.

Ambas familias son conocidas -y han sido denunciadas- por violar con insistencia las leyes laborales por las que sus empresas debieran regirse. El Grupo Parisién ha sido señalado por sus trabajadores por las paupérrimas condiciones de trabajo. El año pasado sus empleadas todavía peleaban por la entrada en vigencia de la ley de la silla, que data de 1918 y establece la obligatoriedad de lugares suficientes en los comercios para que las empleadas “puedan tomar asiento siempre que sus tareas lo permitan”. Los sueldos ínfimos, el amedrentamiento a quienes se sindicalicen (desde el acoso verbal hasta los castigos económicos) y las malas condiciones laborales fueron desnudadas por sus trabajadores en un importante conflicto en 2011.

En su casa de Pocitos también son contratadas trabajadoras bolivianas en situación irregular. Es, además, socio de Punta Carretas Shopping e integrante de su comité ejecutivo; propietario de las Expoferias Ariel e inversor inmobiliario. Enrique es miembro de la B´nai B´rith de Uruguay y de la selecta Fundación Círculo de Montevideo, “una usina de reflexión a propósito de asuntos que podrían englobarse bajo los títulos de’Estado, mercado y equidad’, ‘inversión social’, ‘sociedad civil y partidos políticos’, ‘integración y cohesión social”, donde se codea con personajes como el mexicano archimillonario Carlos Slim y su amigo de la infancia Julio María Sanguinetti. Fue en la casa de Manhard en Punta del Este donde Sanguinetti, Batlle y Lacalle disfrutaron de un almuerzo con Mario Vargas Llosa en su última visita al país.

Los Fernández no le van en saga en cuanto a vínculos y “desprolijidades” empresariales. Alberto Fernández fue quien financió la banda presidencial que lució José Mujica al asumir como presidente. Tiempo antes le había prestado su avioneta para que el entonces candidato viajara con Astori a Brasil, y en 2004 le regaló un Volvo a Tabaré Vázquez.

MíÍNIMO, MÍNIMO

La jornada laboral en la residencia Fernández Manhard comienza a las 7 de la mañana y finaliza alrededor de las 11 de la noche, según los testimonios relatados a Brecha. El descanso son cuatro horas semanales, que no caen en sábado ni domingo. El sueldo de las empleadas es de 500 dólares (10 mil pesos). No se cobran horas extra, no se paga doble los feriados, ni tampoco se les da libre, y no cuentan con seguridad social. Si el personal permanece menos de un año (cosa frecuente dado el trato que reciben) se les descuenta de sus haberes el costo del pasaje. En la actualidad el sueldo mínimo fijado por el Estado para las trabajadoras domésticas es de 8.534 pesos por 44 horas semanales (siete horas diarias) y el descanso es de un día y medio.

miércoles, 15 de agosto de 2012

En México premian a boliviana por su tesis



La boliviana Carmen Rosa Rea recibió el premio por la mejor tesis de doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades 2011, otorgado por la Academia Mexicana de Ciencias. “Orureños cholos totales. Racismo, y crisis de identidades en la Bolivia Contemporánea: El caso de la ciudad de Oruro” , fue la tesis elaborada por la profesional y que fue distinguida en México.

El presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, Arturo Menchaca, comunicó a Rea a través de una carta el 27 de febrero que después de haber examinado las tesis de los candidatos, los miembros de la entidad decidieron otorgarle el premio.

“Se decidió otorgar a usted el premio a las Mejores Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades 2011, por su trabajo. En nombre del Consejo Directivo de la Academia le extiendo la cordial felicitación por la excelente calidad de trabajo”, dice la misiva.

Según el resumen, la tesis no sólo constató la vigencia del racismo en sociedades como la boliviana sino que, partiendo de una coyuntura específica, trató de demostrar que hay ciertos condicionamientos sociohistóricos que hacen que el fenómeno social se presente con más intensidad en ciertos periodos históricos.

Uno de estos condicionamientos lo constituyen los momentos de crisis económica que experimentan las sociedades y que derivan en procesos de desclasamiento y transformación relativa de sus estructuras sociales.

Se logró comprobar en la tesis que en la ciudad de Oruro la estructura social piramidal, en la que clase y etnia se correspondían invariablemente, se reconfiguran como efecto de las crisis económicas y las transformaciones económicas de corte neoliberal, que experimenta la región desde la década de los ochenta.

Mujer orureña: seno revolucionario en busca de la verdad y la justicia

"La mujer orureña hasta mediados del siglo XX", es el trabajo expuesto por la escritora Marlene Durán, en ocasión de celebrar los 779 años de fundación de los Siervos de María, la conferencia se realizó en el Santuario del Socavón, a las 19:30 horas, donde remarcó a la mujer orureña como el seno revolucionario que se da a la luz en busca de la verdad y la justicia.

La escritora Marlene Durán, explicó que se encuentra trabajando en su investigación respecto al rol de las mujeres antes y después del siglo XX desde el 2003, por la ausencia que percibió sobre este género en los documentos que se refieren a la historia del departamento y en el país.

Todo este interés le permitió publicar un libro dedicado a las mujeres orureñas y un segundo número que fue presentado en el Cuarto Centenario de Oruro, pero su trabajo avanza y acumula mayores datos, interesantes y curiosos, los mismos que serán plasmados en un tercer volumen a presentarse el 2013.

Durán inicio este proyecto de investigación respecto al rol de las mujeres antes del Siglo XX, al conocer la trágica historia de María Quiroz, una mujer ejemplar quien junto a su esposo, Clemente Menacho, soportaron la tortura de aquellos que los consideraron una amenaza por sus ideas radicales y revolucionarias.

Este fue el principio para Durán, quien como un ovillo de lana fina enredada, ordenó y encontró a mujeres valerosas, como Laura Villanueva Rocabado, más conocida como "Hilda Mundi", hija del arquitecto Emilio Villanueva, con este 29 de agosto se recuerda el centenario de su nacimiento.

Esta mujer a partir del año 1932, en la Guerra del Chaco, pasó muchas pruebas de fuego, inclusive el destierro y volvió para que su hija Silvia Mercedes Ávila naciera en Oruro.

Hilda Mundi, fue exiliada porque a través de sus artículos publicados en el matutino LA PATRIA, eran en contra de la cruenta guerra que se desató en contra de los paraguayos, ella consideraba que las autoridades militares se precipitaron en sus decisiones y a causa de aquello murieron jóvenes inocentes porque no tenían las condiciones para enfrentar la lucha bélica.

Asimismo habló sobre la madre de Fermín López, María Téllez León, quien era dueña de varias minas que luego pasaron a propiedad del barón del Estaño Simón Iturri Patiño, también esta mujer fue una gran devota de la Virgen del Candelaria, así que ella fue quien hizo traer vigas para el techo del Santuario del Socavón.