miércoles, 10 de agosto de 2016

Hay posturas que están a favor y en contra de la inclusión en las FFAA

La descripción de la organización de los fenómenos sociales actuales es muy compleja. De hecho, en el siglo XXI todavía no hemos logrado confirmar, redefinir o cambiar los conceptos que permitan ver la realidad.

En el tema de la inclusión de las mujeres en las Fuerzas Armadas hay bastante discusión, son varias posturas. Una de ellas puntualiza que sería interesante incluirlas en el Ejército con el concepto de paz, frente a la posición machista que todavía prevalece en esta institución, considerando que es la máxima representación del ejercicio de poder machista.

Otra postura señala que está bien que ingresen las mujeres a la institución castrense porque es una expresión de la igualdad, debido a que de esa forma se estaría copando espacios que antes eran ocupados solo por los hombres. Sin embargo, más allá de estas posturas que pueden estar a favor o en contra de la inclusión de las mujeres, podemos ver que esta intención responde a un espacio de poder machista.

En los años setenta se declaró la década de la mujer y en 1979 se permitió en Bolivia el ingreso de las mujeres al Colegio Militar. En 1985 se cierran las puertas para las mujeres y se vuelve a dejar un vacío enorme porque entre los años 2020 y 2034 no van a existir mujeres en las franjas de poder de las Fuerzas Armadas.

Tenemos a la general Gina Reque Terán, de quien el Gobierno hace gala para hablar de inclusión al haberla promovido a uno de los cargos más altos de las Fuerzas Armadas.

Pero esta es una nueva reconfiguración del patriarcado, que nosotros lo llamamos el neopatriarcado.

Si bien ahora hay una general, que ocupa un alto cargo en las Fuerzas Armadas, debemos decir que las agresiones físicas, domésticas y sexuales en contra de las mujeres es alarmante. Hay una ley integral contra la violencia que pretende proteger a este sector, pero su mensaje es que las mujeres no son independientes, debido a que requieren (necesariamente) de un Estado y de una ley para estar seguras.

Podemos decir que el neopatriarcado se manifiesta también en esta inclusión de las mujeres a las Fuerzas Armadas, que, en mi opinión, no es real en el tema de la igualdad.

Por otro lado, es un mensaje también de que las mujeres tenemos que cuidarnos. No podemos gozar de la libertad, de los espacios autónomos.

En este tema de la mujer en las Fuerzas Armadas no hay aún investigaciones. Tenemos pequeños datos de cuántas mujeres hay en las Fuerzas Armadas, pero no de la situación en la que se encuentran en esta institución. No sabemos en qué condiciones están.

¿CUÁL ES SU ROL?

No hay tampoco datos sobre cuál es el rol que tienen las mujeres en las Fuerzas Armadas y qué cargos ocupan. No sabemos cuál es la función de la mujer que está en el cargo más alto del Ejército. No sabemos si su ascenso a general ha sido solamente un intento de dar una muestra de que este Gobierno está incluyendo a las mujeres.

Desde el punto de vista de la equidad es importante que se incluya a la mujer en las Fuerzas Armadas. Incluso hay una mujer piloto de helicóptero en la Fuerza Aérea, institución que antes estaba totalmente en manos de los hombres. Sin embargo, la idea no es solo incluir a la mujer, de lograr la equidad, sino que pasa también por el cuestionamiento de las Fuerzas Armadas.

Tendríamos que ver si aceptamos a las Fuerzas Armadas. La Constitución dice que somos un país pacifista.

Lo que pasa en las Fuerzas Armadas, en el tema de la inclusión, es como ceder la silla a una mujer, pero no se analiza la estructura de la organización, que es punitiva y de avasallamiento hacia las mujeres. No hay tampoco estudios para ver cómo se ha reconfigurado el Ejército con la presencia de las mujeres.

O es que ellas solamente están cumpliendo tareas de secretarias.

Cumplen las mismas tareas que los hombres

Las mujeres sí pueden hacer todas las tareas que se les encarga en las Fuerzas Armadas, tanto en la parte intelectual como física.

En la población en general podemos encontrar hombres con diferentes características físicas: algunos bajos, delgados o con la voz aguda.

Lo mismo sucede con las mujeres. Ellas tienen diferentes particularidades.

Reconocemos las diferencias que hay entre hombres y mujeres, lo que es muy válido, pero de lo que se trata es de buscar la igualdad de oportunidades y que no sea un prejuicio la sexualidad de las personas para realizar una determinada actividad o trabajo.

La igualdad no se consigue solo incorporando a la mujer

Daniela Elías

Comunicadora social

Desde la postura de que ninguna institución pública debería tener políticas segregacionistas, efectivamente no podemos negar que las mujeres que están interesadas en cursar el premilitar o incursionar en la carrera militar tienen el derecho de hacerlo.

Sin embargo, desde la postura feminista y antimilitarista, cuestionamos el hecho de creer que se logrará igualdad solo porque las mujeres se incorporen a las Fuerzas Armadas.

Cuestionamos la estructura de las Fuerzas Armadas en sí, como máxima representación de la dominación patriarcal, colonial, machista y racista.

En ese contexto debemos preguntarnos si es un logro que existan mujeres en la institución castrense. Lo que buscamos es que no existan mujeres ni hombres en las Fuerzas Armadas, ni siquiera esta institución, menos las guerras.

Se supone que estamos bajo la bandera de un país pacifista y, en el caso de Bolivia, anticolonialista y antipatriarcal, pero seguimos manteniendo instituciones que son absolutamente patriarcales y colonialistas como el Ejército.

Existen casos ejemplares en los que no existen Fuerzas Armadas y eso no significa que estén desprotegidos.

Desde mi perspectiva, las estructuras de poder deberían ser destruidas.

Cuando hablamos de igualdad tenemos que ver en qué términos lo hacemos. El primer movimiento feminista pedía tener los mismos derechos que los hombres, pero no cuestionaba la estructura dominante.

Esta estructura sigue siendo paternalista, no se ha cambiado la manera de ver a la mujer. Se elaboran leyes, pero no desde una posición de empatía o solidaridad, sino de paternalismo. Eso se ve reflejado en las instituciones del país. No hubo un cambio estructural que beneficie a la mujer.

La violencia sexual contra la mujer que las FARC ocultan

El Mundo / Salud Hdez. Mora
Nunca lo han querido reconocer, incluso los jefes guerrilleros tachan las informaciones de propaganda difamatoria contra ellos. Pero los estremecedores testimonios de guerrilleras que EL MUNDO ha conocido a lo largo de los años y el grueso expediente que la Fiscalía General de la Nación presentó recientemente, evidencia que los abusos sexuales, la discriminación hacia la mujer y los abortos forzados fueron norma en las FARC.

"En las FARC había una política orientada a la violencia sexual contra la mujer pero también encontramos casos documentados contra hombres", dijo en la presentación del informe, que recoge 232 casos, el vice-Fiscal Jorge Perdomo. En sus investigaciones hallaron casos de violaciones de niñas menores de cinco años.

En lo que recibían idéntico trato hombres y mujeres era en los juicios por indisciplina e intento de fuga. De ser declarados culpables, con independencia de su género, morían acribillados a balazos. Numerosos guerrilleros que lograron escapar así lo relatan. Miles de menores de edad se incorporaban a las filas, unos voluntarios, atraídos por el uniforme o huyendo de los malos tratos en sus miserables hogares, y otros obligados. Pero en cuanto comprobaban que la vida real en los campamentos en nada se parecía a la que habían soñado, empezaban a planear su huida.

"La mujer no vino a la guerra a parir, sino a combatir"
El deseo de ser madre fue una de las razones que empujó a muchas chicas a escapar. En la VIII Conferencia que celebraron las FARC, concluyeron que las que quedaran embarazadas debían abortar, quisieran o no hacerlo. "La mujer no vino a la guerra a parir sino a combatir", decían.

Uno de los que practicaron decenas de abortos, en su inmensa mayoría forzados, vive hoy en España. Héctor Albeidis Arboleda reside desde 2014 en el barrio San Blas de Madrid. En Colombia la justicia le espera para que responda por más de medio millar de abortos obligados. En los últimos dos meses le han sumado nuevos casos a los que ya le tenían probados. Según consta en el trabajo de la Fiscalía de Pereira, en donde vivía antes de cruzar el Atlántico, trabajó para 11 Frentes de las guerrillas, no solo de las FARC.

"Vi que me salió el bebé. Estaba bien formado, tenía sus manitas, sentí que le palpitaba su corazón como un minuto", narraba una de sus víctimas. Reclutada siendo niña, fue violada por un comandante. "Nunca había tenido relaciones con un hombre, era virgen, y a los ocho meses de estar allí un comandante me dijo que si lo dejaba tener relaciones me dejaba ir para la casa. Pensé que era verdad y me violó a la mala, en una guardia y al mes me di cuenta de que estaba preñada".

De "Burdo montaje de la Fiscalía", calificó Iván Márquez las publicaciones sobre Arboleda en su momento, pero el aluvión de pruebas recogidas en los ordenadores incautados a diferentes comandantes así como declaraciones de antiguas guerrilleras, aún traumatizadas por sus trágicas vivencias, son irrefutables.

"La planificación es obligatoria y en los casos de embarazo realizar el legrado. Mantener el secreto de las áreas de los hospitales", rezaba una de las órdenes por escrito que dejó el 'Mono Jojoy', número dos de dicha banda terrorista hasta que el Ejército le abatió.

La Fiscalía ha documentado incluso abusos sexuales contra niñas menores de 10 años, puesto que las FARC no ponían límites a la edad de reclutamiento. Tras cuatro años de negociaciones, los delegados de las FARC en Cuba todavía persisten en negar las evidencias y más bien aseguran que su organización armada es ejemplo del respeto a la equidad de géneros

Sánchez es la única mujer que integró la Fuerza de Tarea Conjunta

Vivian Reveca Sánchez fue la primera, y por el momento la única, militar en formar parte de la Fuerza de Tarea Conjunta en el Trópico de Cochabamba. Cuando tenía el grado de mayor de Ejército estaba a cargo de unos 65 soldados, 20 policías militares y 10 civiles.

Es Diplomada de Estado Mayor y ahora ostenta el grado de teniente coronel. Estuvo en las tareas de erradicación de la hoja de coca, “siempre a la cabeza de los soldados cuando había enfrentamientos”.

Sánchez rememora que cuando en una oportunidad fueron atacados por los pobladores del lugar, en Río Víbora (Chapare), antes de llegar a Yapacaní, ella les arengaba a sus soldados para que se mantengan firmes y no pierdan el valor. En esa oportunidad fueron rodeados por aproximadamente 700 personas y sostuvieron un enfrentamiento duro.

Confiesa que como militar siempre fue “arrojada”, nunca pensó en el peligro ni medía las consecuencias de lo que podía suceder cuando había algún conflicto social.

En una oportunidad, por ejemplo, cuando se encontraba en Villa Tunari con sus soldados, le informaron que un grupo de pobladores se encontraba rompiendo los parabrisas de los vehículos, por lo que instruyó a su sección dirigirse al lugar del conflicto.

Sánchez llegó al sector donde los pobladores lanzaban piedras con hondas y ella empezó a gasificarlos hasta lograr que éstos se dispersen.

Sin embargo, lo que no se percató hasta el último momento, cuando la situación ya estaba controlada, es que apenas ella, un policía militar y un soldado estaban en el lugar del conflicto. El resto de su efectivo se había quedado en la retaguardia, situación que no advirtieron los que estaban atacando su campamento.

Cuando Sánchez fue destinada a la Policía Militar en Cochabamba, con el grado de teniente, tuvo la iniciativa de formar el Grupo de Seguridad y Rescate, similar al SAR de la Fuerza Aérea.

Este grupo estaba conformado por reservistas y premilitares (hombres y mujeres) que pasaban instrucción los días sábados y hacían guardia en el hospital Viedma, “lo que les permitía realizar sus tareas de primeros auxilios en vivo. Los accidentados llegaban con heridas de diversa gravedad y algunos de los postulantes no resistían observar estas situaciones.

La militar lamenta que el grupo no haya tenido continuidad y dejara de operar.

PELÍCULAS JAPONESAS

Desde muy pequeña era aficionada a ver películas japonesas en las que la mujer peleaba en la guerra y eso despertó en ella un sentimiento de ser militar, pero en esa época todavía no existían mujeres en el Ejército.

Una vez que se abrieron las puertas del Colegio Militar de La Paz para las mujeres, Sánchez no lo pensó y postuló para ingresar en 1980. Tuvo el apoyo de sus padres y “del Ejército que me permitió formarme en sus aulas”.

La teniente coronel señala que cuando inició su formación como cadete, la mujer no era totalmente aceptada en las filas de las Fuerzas Armadas.

“Al principio, fue muy duro para nosotras porque el machismo estaba muy vigente. Incluso ahora hay vestigios de él. Persiste la costumbre de creer que la mujer debe estar en el hogar con las labores de casa y como madre de familia y el hombre debe ser el profesional”, afirma.

Las primeras generaciones de cadetes -dice- lucharon contra estos prejuicios del machismo.

Agrega que muchas veces el sacrificio que una mujer realiza tiene que ser el doble para que sea reconocida. “Una mujer trabaja a la par del varón, pero no es reconocida, entonces tiene que esforzarse más. Y nosotras hemos demostrado que tenemos más iniciativa, más dedicación en el trabajo”.

POR VOCACIÓN

A las jóvenes que piensan ingresar a uno de los institutos militares del país, Sánchez les aconseja a que lo hagan por vocación y no solamente por necesidad.

Su primer destino

* La ciudad de Tupiza, al sur del país, fue su primer destino. Empezó como instructora de tropa y se mantuvo como “tropera” siempre, porque le gusta impartir instrucción a los soldados y premilitares.

* Empezó como comandante de sección, con el grado de subteniente, y los soldados que estaban a su cargo sentían bastante curiosidad al ver a una mujer militar, porque ellos no estaban acostumbrados a esta situación.

* En otro de sus destinos, Vivian Reveca Sánchez tuvo a su cargo a 300 premilitares mujeres en Tolata, Cochabamba, y pudo comprobar que la mujer rinde más que el varón,

porque ella ingresa en el servicio por voluntad propia y no debido a que debe cumplir una obligación o un requisito.

Piropos

* La teniente coronel Vivian Reveca Sánchez señala que cuando empezó como subteniente, en Tupiza, debía ser firme para ganarse el respeto de sus soldados.

* Recuerda que en alguna oportunidad, después de dar una orden se daba la vuelta y no faltaba algún soldado que le mandaba un beso. Ella les llamaba la atención, de manera firme, o en alguna oportunidad les decía “muchas gracias soldado por el piropo”.

* La militar afirma que nunca tuvo la necesidad de castigar a los soldados por este motivo.

Se fueron acostumbrando a tener instructoras militares al mando de la tropa y desde que era subteniente siempre la respetaron.

Una amarga experiencia

* La experiencia más amarga que vivió Sánchez en el Ejército fue la pérdida de su hijo cuando tenía el grado de capitán. Reconoce que quiso ir en contra de la naturaleza. Estaba embarazada y seguía haciendo ejercicios, lo que provocó que la bolsa se rompiera. Le practicaron una cesárea, pero el niño no resistió.

* Al principio de su embarazo ella pensaba que iba a tener una niña y le hablaba en ese sentido. Cuando pasaba instrucción con sus premilitares le pedía (a su bebé) que no se asustara y que en el futuro ingresaría en el cuartel.

* Una vez que se jubile, ella piensa dedicarse de lleno a su pasión como rescatista de animales en situación de calle. Quiere abrir un albergue para los perritos abandonados.




Mujeres oficiales y sargentos ganan espacios en la Armada

María Griselda Borda Orellana se considera, por encima de todo, militar. Realizó sus estudios, junto con cuatro de sus compañeras, en Venezuela, adonde fue enviada con una beca el año 2009. Forma parte de la primera camada de oficiales mujeres de la Armada Boliviana.

Tiene 24 años y nació en Cochabamba. Viste su uniforme blanco, característico de la Armada, lleva el cabello recogido y mide un poco más de 1.70 metros de altura. La alférez Borda es una de las cinco primeras oficiales navales de Bolivia y se siente orgullosa por ello.

Su grado de alférez, con un galón dorado y una estrella del mismo color, es equivalente al de subteniente del Ejército o de la Fuerza Aérea.

¿Qué le motivó a ingresar en la Armada Boliviana? Su respuesta es precisa: su amor por la Patria y el anhelo que tienen todos los bolivianos de retornar al mar. Ella quiere contribuir desde esta institución con su capacidad física e intelectual.

Los consejos que recibió de sus tíos, también militares, terminaron por convencerla de que su vocación era ser parte de la institución militar.

Considera que es importante que haya mujeres en la Armada Boliviana, porque ellas pueden aportar en el desarrollo del país, en un momento tan trascendental como el que estamos viviendo.

Durante su formación como cadete en Venezuela, la oficial naval y sus compañeras nunca recibieron un trato preferencial, por ser mujeres, y realizaban los mismos ejercicios que sus pares varones.

Una de las mayores dificultades que atravesaron las primeras cadetes que estudiaron en las escuelas de formación militar, según la alférez Borda, es que a los hombres les costaba aceptar a mujeres en los mismos ambientes, realizando las mismas actividades que ellos.

Incluso -agrega- muchas mujeres aún piensan que la carrera militar es solo para los hombres, por lo que no se animan a estudiar en uno de los institutos que funcionan en los diferentes departamentos del país.

Borda confiesa que se siente realizada tras haber alcanzado su primera meta, graduarse como alférez, y agrega que en la Armada los hombres y mujeres militares se complementan en busca de objetivos comunes.

PARACAIDISTA

Carla Susana Quiñejo Cruz egresó de la Escuela de Sargentos de la Armada en 2014, tras completar tres años de estudio en Loma Suárez, Trinidad.

Su afición por el paracaidismo la llevó hasta el Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE) de Cochabamba, donde realizó este curso como la primera sargento de la Armada Boliviana.

Completó tres saltos durante este curso y afirma que fue una experiencia única. “Si bien existe el miedo, se lo vence en el aire”.

Durante el curso de paracaidista militar, que realizó en el CITE, entrenó al igual que los sargentos, realizando los mismos ejercicios y bajo la misma presión, sin privilegios “porque necesitábamos una buena preparación física para no sufrir lesiones en la caída”.

Asegura que saltará nuevamente en paracaídas cuando se le presente una oportunidad.

La sargento inicial Quiñejo realizó otro curso en Trinidad, el de operaciones ribereñas, que consiste en el manejo de lanchas, operativos, patrullajes y supervivencia en el monte.

Este curso, denominado caimán negro, se realiza en forma obligatoria durante un mes y medio.

SU SUEÑO

Quiñejo nació en La Paz. Desde temprana edad albergó la esperanza de ser parte de las Fuerzas Armadas y su proyecto cobró fuerza cuando su tío, de profesión militar, le empezó a hablar sobre la Armada Boliviana.

Cada vez que salía de su colegio y caminaba rumbo a su casa, le llamaba la atención ver a damas cadetes, del Colegio Militar de Irpavi, y decidió seguir esta carrera.

Viajó a Loma Suárez, Trinidad, para incorporarse junto con otras 59 jóvenes a la Escuela de Sargentos de la Armada.

Unos meses antes de postular a la Armada se había preparado en las materias de inglés y matemáticas, además de la parte física para rendir el examen de admisión.

Al concluir los tres años de formación, tan solo 17 de las 60 jóvenes que habían empezado culminaron la carrera. La mayor parte se alejó de la institución a causa de enfermedades y por el bajo rendimiento en sus estudios. Quiñejo señala que una vez que egresan como sargentos se acostumbran de tal manera a la vida militar que es muy difícil dejarla.

Respecto a la instrucción militar y a los ejercicios físicos, la sargento inicial afirma que como alumnas rendían igual que los varones y no tenían privilegios especiales.

SU PRIMER DESTINO

Cuando se graduó como sargento inicial, a finales de 2014, Quiñejo fue destinada al Batallón de la Policía Militar 2, en Carcaje, para trabajar como instructora de premilitares.

Ver a una mujer militar, con el grado de sargento, llamaba la atención de los premilitares (hombres y mujeres), por lo que Quiñejo aprovechaba los descansos para explicarles dónde se podía estudiar, los requisitos de admisión y los beneficios de seguir una carrera militar.

Sus explicaciones motivaron a varias de sus premilitares mujeres a postular para la Escuela Militar que funciona desde el año 2014 en Cochabamba.

Otros premilitares optaron por ir a la escuela de Loma Suárez.

En su familia, una de sus primas decidió ingresar en la Escuela Naval Militar y está ahora como cadete de primer año.

Un espejismo de igualdad

Miles de mujeres marchando por las calles de Egipto, Túnez o Siria constituyeron una imagen común durante la Primavera Árabe a la que el ojo occidental no estaba acostumbrado; pero, tras la revolución, todo quedó en un sueño al que pusieron fin abruptamente gobiernos represivos o conflictos abiertos que postergaron indefinidamente la lucha de la mujer por sus derechos.

“Tras una participación igualitaria con los hombres en la revolución, que produjo un cambio que parecía muy natural, se volvió a la dura realidad”, señala la periodista e investigadora egipcia Sahar Talaat en entrevista con dpa, con motivo de la presentación en Madrid del ensayo “Mujeres, comunicación y conflictos armados” (editado por La linterna sorda), del que es coautora.

La obra coral, coordinada por Isabel Tajahuerce, arroja luz sobre el papel de las mujeres en los conflictos armados, no sólo como víctimas, y en la comunicación de los mismos, con el objetivo de disipar la invisibilidad y los estereotipos a la que a menudo las condenan los medios. Entre ellas, las grandes desconocidas son las mujeres árabes, con frecuencia reducidas a un papel de ocultación y sumisión estereotipado y alejado de la realidad.

“En el mundo árabe se está viviendo un gran cambio, pero poco se sabe de ello”, asegura Talaat, afincada en España y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona. Pese a enfrentar enormes problemas, como la falta de organización o una sociedad conservadora y religiosa opresora, la mujer árabe moderna está siendo protagonista de un activismo en parte heredado de la conciencia y la seguridad adquirida durante las primaveras árabes.

“Las mujeres superaron el miedo durante las revueltas, donde se vieron participando en unas condiciones de igualdad que ellas mismas desconocían, viendo reconocido su poder y adquiriendo la conciencia y confianza en sí mismas para seguir adelante”, explica la investigadora sobre su experiencia más directa de la revolución egipcia.

A raíz de ahí, asegura, siguen denunciando su situación en libros, artículos, teatro callejero o cine, en el que están trabajando muchísimas mujeres directoras en Egipto, Líbano, Siria, Túnez o Marruecos, dice ella.

También ha aumentado su participación en política en países como Egipto, donde ocupan cargos en los ministerios, la administración o las alcaldías, están en los cuerpos directivos de partidos políticos —por primera vez dirigen el partido liberal l Dustur— y en los sindicatos. Un logro nada desdeñable si se tiene en cuenta que tras las revoluciones árabes en algunos países se vieron obligadas a partir casi de cero en la lucha por sus derechos.

Así ocurrió en Egipto, donde el Gobierno postrevolucionario islamista de los Hermanos Musulmanes, con Mohamed Mursi a la cabeza, las condenó a una única mención en la Constitución y con un papel muy limitado, el de madres, eliminando todos los logros conseguidos durante las décadas anteriores, como la igualdad a la hora de solicitar el divorcio, y bajando la edad para contraer matrimonio.

La Constitución posterior aprobada antes de la llegada de Abdel Fatah al Sisi a la presidencia volvió a reconocer la igualdad de derechos y deberes, que ahora sin embargo el Parlamento debe plasmar en leyes concretas, considera Talaat. “Tenemos 78 diputadas que están luchando por ello”, indica. Una lucha que no siempre se hace desde la confrontación directa y quizá por eso es menos visible, apunta.

Pese a los contratiempos, la mujer egipcia está activa en un entorno de relativa paz, mientras muchas otras se ven obligadas a hacerlo en medio de conflictos que parecen posponer indefinidamente el logro de una mayor igualdad.

En países como Libia, Irak o Siria las mujeres se ven obligadas a llevar a cabo una lucha integral. “Primero luchan por existir y sobrevivir en conflictos permanentes en los que conviven con la muerte; después para conseguir trabajo, una vida decente, un transporte normal y una mayor visibilidad social”, además de la igualdad de derechos. “Las mujeres árabes libran todas las luchas en una”, afirma Talaat.

En Siria, las mujeres están luchando continuamente desde la oposición. "Siria es un país laico donde las mujeres contaban con muchísimos derechos y donde ahora los integristas luchan por imponer un Estado teocrático", apunta la investigadora. Aquí sin embargo las mujeres también están siendo parte del obstáculo, con la aparición de un influyente grupo conocido como las Hermanas Musulmanas Qubaisi, que trabaja por la islamización de las niñas y su vuelta a un papel más tradicional y sumiso.

Una lucha similar se estaría dando en Turquía, donde el laicismo lucha contra las ideas islamistas que buscan acabar con los derechos adquiridos durante siglos por las mujeres, señala.

Excepcional es el caso kurdo, donde la guerra no parece haber parado sus ideas igualitarias y donde las mujeres luchan codo a codo con los hombres. Pero Talaat huye de modelos: “todos los pueblos tienen luces y sombras”. Como también existen en Túnez, un país al que Occidente quiso convertir en modelo de las primaveras árabes.

“Túnez es un estereotipo. Occidente va buscando el ejemplo más parecido o más cercano a la cultura europea, pero hay muchas cosas que se han logrado impuestas desde arriba por las autoridades pero que no estamos viendo reflejadas en las calles”, considera. “La cultura de la igualdad debe ir más allá de la élite”.

El papel de las mujeres árabes es además fundamental para lograr la paz en la región, donde es necesario que se le permita una mayor implicación y participación.

Pero sobre todo es imprescindible una nueva perspectiva de género en los medios de comunicación que visibilice, contextualice y no ofrezca de forma incompleta la imagen de la mujer árabe. “Ante las crisis de los medios tradicionales, las redes sociales se erigen para dar voz a una realidad más amplia de la mujer árabe”, dice Talaat. Porque, como coreaban en las manifestaciones kurdas, ninguna sociedad es libre hasta que sus mujeres lo sean.

Escaladoras de 6 países compartirán sus experiencias

Escaladoras pertenecientes al proyecto internacional “Mujer Montaña” de Argentina, Perú, Venezuela, Francia, España y Bolivia compartirán sus experiencias y enseñar montañismo a la población el 22 y 23 de agosto en la Universidad Católica Boliviana, según informó el asesor de Planificación de la Agencia para el Desarrollo Turístico de La Paz Maravillosa, Raúl Pérez.

Las escaladoras se quedarán en la ciudad por, aproximadamente, dos meses para escalar las montañas Chachacomani (6.074 metros sobre el nivel del mar) y Chearoco (6.127) ubicadas en la Cordillera Real, al frente de la comunidad de Peñas, en el Altiplano de La Paz.

“A la población invitarlas que a partir del 22 y 23 de agosto, ellas van a compartir su experiencia con la población, enseñar un poco de montañismo durante dos jornadas (…) vamos a estar conversando de la relación mujer montaña, relación montaña con el cambio climático y conociendo y promocionando La Paz Maravillosa”, dijo.

Las escaladoras realizarán los ascensos como parte del Primer Intercambio Alpino Andino que cuenta con el apoyo de la Agencia Municipal para el Desarrollo Turístico La Paz Maravillosa y empresas de deporte extremo.

Pérez explicó que se apoya la iniciativa para promover a La Paz como destino turístico de montaña.

jueves, 4 de agosto de 2016

El logro de Hillary resalta el sexismo en el ámbito laboral

Hillary Clinton rompió uno de los techos de cristal restantes en el ámbito de la política la semana pasada, cuando se convirtió en la primera mujer en ser nominada como candidata presidencial de su partido en Estados Unidos.

Tuvieron que pasar 227 años antes de que una mujer pudiera llegar a este punto en una elección estadounidense y el ascenso de las mujeres en el mundo corporativo ha sido casi igual de lento. Actualmente, hay muy pocas mujeres que desempeñan el papel de director ejecutivo y las mujeres están infrarrepresentadas en los niveles empresariales más altos. Sigue existiendo el sexismo laboral.

Eventos recientes sugieren que los obstáculos que enfrentan las mujeres en las empresas de tecnología y de medios de comunicación son especialmente difíciles de superar.

Cuando Gretchen Carlson, una expresentadora de noticias del Canal Fox News acusó a Roger Ailes de acoso sexual, alentó a otras mujeres a reportar acosos similares realizados por otros ejecutivos. Una mujer dijo al New York Times esta semana que había temido las consecuencias de presentar sus quejas. “Ésta es una cultura en la que no necesariamente tienes que aceptarlo, pero tienes que saber manejarlo”, aseveró.

La compañía de Rupert Murdoch, 21st Century Fox, que es propietaria de Fox News, cortó sus relaciones con Ailes la semana pasada después de realizar una investigación interna. Murdoch y sus hijos, James y Lachlan, ahora tienen dos tareas por delante: reemplazar a Ailes y reformar la cultura de Fox News, que aparentemente se ha vuelto grosera y machista.

Emplear a más mujeres sería un buen comienzo y es una estrategia que deberían implementar todas las empresas de medios de comunicación y de tecnología. Los mayores grupos mediáticos de Estados Unidos (Walt Disney, Comcast, 21st Century Fox, Time Warner, CBS y Viacom) están encabezados por hombres.

Lo mismo sucede en el sector de la tecnología: Amazon, Apple, Google y Facebook todos tienen un director ejecutivo masculino.

Yahoo!, que está en proceso de ser adquirido por Verizon, es una excepción, pero la directora ejecutiva Marissa Mayer comentó esta semana sobre cómo sus esfuerzos por reavivar la compañía de Internet habían sido asediados por estereotipos sexistas. Ella cree que su género ha influido en la cobertura mediática de su tenencia del grupo.

Emplear a más mujeres ciertamente no erradicará el sexismo en el ámbito laboral, pero sí sería un buen comienzo. Las empresas de medios de comunicación y de tecnología crean productos y contenido para ambos sexos. Por lo tanto, ¿no deberían emplear a mujeres para dirigirlas?

Hace mucho, la industria publicitaria se percató del hecho de que las mujeres tomaban la mayoría de las decisiones sobre el gasto familiar, y comenzaron a crear mensajes dirigidos a ellas. Sin embargo, las mujeres siguen infrarrepresentadas en las agencias de publicidad, especialmente en las posiciones creativas de alto nivel.

Un grupo llamado 3% Conference ha estado intentando cambiar la situación. Tomó su nombre de la estadística preocupante de hace una década, cuando sólo 3 por ciento de los directores creativos en las agencias de publicidad eran mujeres. Ha tenido cierto éxito: en 2014, ese porcentaje se ha incrementado a 11,5 por ciento.

Pero el ritmo del cambio ha sido muy lento. J Walter Thompson (JWT), la agencia de 152 años ahora propiedad de WPP, recientemente nombró a Tamara Ingram como directora ejecutiva, la primera mujer en ocupar el cargo.

El personal de JWT es 47 por ciento femenino y la compañía cuenta con directoras ejecutivas regionales en Sri Lanka, México y Canadá. Pero Ingram dijo recientemente al Financial Times que no se sentiría satisfecha hasta que la mitad de los puestos directivos de alto nivel estuvieran ocupados por mujeres.

Es la meta correcta. ¿La establecería un hombre? Tal vez. Pero una mujer realmente está implementando el cambio.

Ingram sucedió a Gustavo Martinez como directora ejecutiva. Él renunció este año después de que Erin Johnson, la directora de comunicación de JWT, lo demandó por su “interminable flujo de comentarios racistas y sexistas así como por contacto sexual no deseado y otras conductas ilegales”.

Martinez ha negado todas las denuncias. Aun así, el caso hace eco de la salida de Ailes de Fox News. JWT se ha alejado del episodio al nombrar a una persona que desea transformar el futuro de las mujeres en la agencia. ¿Harán lo mismo Murdoch y sus hijos conforme buscan el sucesor de Ailes?