lunes, 4 de abril de 2016

7 de 10 mujeres víctimas de violencia sexual no denuncia


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Siete de cada diez mujeres víctimas de violencia sexual no denuncia el delito a la Policía. El 60 por ciento calla totalmente y un 10 por ciento sólo habla del hecho con sus amigos, según una investigación de la organización Alianza por la Solidaridad Internacional (ASI), realizada en los municipios de la provincia Quillacollo: Tiquipaya, Vinto, Colcapirhua, Quillacollo y Sipe Sipe.

El estudio recogió 397 encuestas, 25 entrevistas, 15 historias de vida y realizó diez grupos focales entre mujeres de 18 a 60 años. Es la primera vez que se cuenta con registro que permite visibilizar la violencia sexual hacia las mujeres desde el acoso, insinuación, esclavitud sexual, fecundación forzada hasta la violación.

Se sabe que cuatro de 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual alguna vez en su vida, cuatro de 10 el acoso y tres de 10 violación, informó la investigadora Giovana Condarco.

Pese a estas cifras, la violencia se calla y no transciende de la familia, del blindaje de la vida privada y la comunidad. Hay frases que refuerzan la agresión como: "Es tu marido tienes que cumplirle", "agradece, te hacemos un favor", "nos pasa a todas, te acostumbrarás".

Los registros policiales con denuncias de mujeres víctimas de violencia sexual son bajos porque el acoso y otros delitos no se denuncian. En 2015, Quillacollo recibió 42, Tiquipaya, una; Vinto, dos; Sipe Sipe, tres; y Colcapirhua, ninguna.

El 77 por ciento de las denuncias se quedan en el camino, el 11 recibe alguna respuesta y sólo el 0,04 por ciento llega a un proceso en la vía penal, agregó.

Hay varias causas para que no hayan denuncias. "La sociedad cree que porque se trata de una mujer adulta cualquier relación sexual es aceptada y no es así", dijo la coordinadora de programas, Magaly Chávez.

También, existen causas sociales, estigmas y falta de apoyo. "Muchas mujeres dicen que tienen vergüenza por su edad o porque se dejan en evidencia situaciones familiares. La violencia sexual casi siempre trae consigo violencia física, sicológica y económica", agregó.

Otra situación que se observa es el machismo. El 62 por ciento de las mujeres afirma no haber tomado ninguna acción y sólo guarda silencio. Un diez por ciento asegura que se lo contó a amigos o familiares, pero fueron rechazadas.

"Muchas contaron que al contar a alguien les culpabilizaron. No faltó quien no les creyó o les dijera que seguro ellas se insinuaron. También hay mujeres que afirman que les dijeron que deben quedarse calladas porque es su obligación cumplir a sus maridos", manifestó.

Sin embargo, la violencia sexual abarca diversas situaciones y la puede cometer la pareja. Algunos aspectos que se consideran son: la violación, acoso verbal, insinuaciones sexuales, esclavitud sexual, fecundación forzada y conductas sexuales degradantes, señaló Chávez.

Otro aspecto que señalan es que la justicia las revictimiza, no las apoya y hay retardación.

La situación no es muy diferente en la justicia comunitaria. "En las comunidades se piensa que los problemas dentro del matrimonio son privados. Además, si se quiere denunciar algo debe ser un tercero quien lo haga. El problema es que muchas veces el castigo es pagar 80 bolivianos o unos cuantos latigazos y ellas deben volver con sus agresores que están con ira por la vergüenza que les hicieron pasar", dijo.

Como consecuencia, algunas mujeres pensaron en suicidarse. Además, viven solas, tienen problemas familiares, económicos y de identidad como mujer, porque que se siente como un objeto, y su sexualidad se ve dañada, remarca la investigación de Alianza por la Solidaridad.



HISTORIAS DE VIDAS DAÑADAS POR LOS VEJÁMENES

HISTORIA 1

JUANA SUFRIÓ DOS ABUSOS
"Yo no sabía que podía denunciar"

Juana contó que sufrió constantes agresiones, violencia física y psicológica por parte de su pareja y un tío. Su historia está reflejada en la investigación de ASI.

Contó: "Cuando venía borracho, siempre me obligaba a tener relaciones sexuales y me pegaba. Cuando estaba embarazada de mi primera wawa, en la que fue más delicado, me forzó. Después de tenerlo a mi hijo, cuando estaba recuperándome, me forzaba y me pegaba".

"Yo no sabía que podía denunciar esto. Me hacía recuerdo a lo que sentía cuando mi tío me abusaba en mi casa, igual me sentía sin poder denunciar", lamentó.

"Una vez me he quejado con su mamá y ella me decía: 'Tu marido es pues, ¿no te da vergüenza contar esas cosas? Debes ser más mujer y no estar contando así. Qué va a pensar la gente de vos, van a decir que no quieres cumplir tus obligaciones. Yo también he sido así, eso es normal en un matrimonio'", recordó.

Al igual que la mayoría de las mujeres no denunció a sus agresores.





HISTORIA 2

CELIA SE ANIMÓ A DENUNCIAR
"Me dijeron que debo cumplirle"

Celia vive en el valle bajo y sufrió durante mucho tiempo violencia sexual y física. Se animó a denunciar, pero afrontó varias consecuencias.

"Me obligaba a tener relaciones sexuales no consensuadas, hasta empezó a decirme que no le servía como mujer. Yo llamaba a la Policía constantemente por riñas y peleas, ya estaban aburridos de mi llamadas", contó.

"Pero nunca denuncié que él me violaba, porque una vez consulté a un sargento de la policía si el tener relaciones a la fuerza era un delito, y él me dijo: 'No señora, es su esposo. Usted debe cumplirle, mejor arregle las cosas por sus hijos'", agregó.

"Realicé otra vez la denuncia, audiencias, abogados, juicios por intento de homicidio y violación y qué conseguí, que mi jefe me botara del trabajo, porque pedía mucho permiso para asistir al proceso, a las investigaciones. Todos me preguntaban, me mandaban al psicólogo, me hicieron exámenes forenses y no conseguí nada", relató.





HISTORIA 3

CARMEN FUE ESTIGMATIZADA
"El hombre tiene la razón siempre"

Carmen vivió desde pequeña la violencia física y sexual. Con el paso del tiempo intentó superarlo, pero cuando se volvió denuncia la culparon y perdió su empleo.

"Mi papá golpeaba mucho a mi madre (...) Nunca olvidaré lo que mi madrina le dijo a mi mamá: 'El hombre siempre tiene la razón, es mejor no hacerle renegar. Te pega porque tú eres muy rebelde y contestona' (...) Huimos de mi casa el día que mi madre encontró a mi hermana menor desnuda y mi padre abusando de ella", contó.

"Me casé con un dirigente político, me convertí en dirigente y comenzaron los problemas en mi hogar (...) A los hombres no les gusta la competencia", agregó.

"Una madrugada, al terminar una reunión, tomé un taxi. Cuando me di cuenta, el camino no era el correcto y se subió un hombre gordo (...). El vehículo paró y me golpearon, me rompieron la blusa y desgarraron las polleras (...) Desperté ensangrentada en un basurero (...) Mi esposo me echaba la culpa de todo, 'por libertina, por callejera, por mujer'", comentó.



HISTORIA 4

ESTHER, VIOLADA POR PANDILLA
"Me dijeron que agradezca el favor"

Esther es una mujer de 60 años que vio y vivió las agresiones sexuales por parte de hombres que creían "hacerle un favor".

"A los seis meses de la muerte de mi pareja, mi hija fue violada al salir del colegio. Después de buscarla por varias horas la encontré golpeada, con la ropa arrancada y olor a bebida. La llevé al hospital y puse la denuncia. La sargento me dijo que era mala madre, que no cuidaba de mi hija y le pasó por borracha", contó.

"Hace dos años, un viernes por la noche, mi hijo llegó alcoholizado con sus cuatro amigos. A golpes me hizo preparar comida (...) Pensé que después se irían, pero no, trajeron más bebida", agregó.

"De repente uno de sus amigos comenzó a tocarme, le dije que me respetara y se rió, después vino otro. Sentí un golpe que me tumbó, me sujetaron y me violaron. Grité para que me ayudara mi hijo, pero no hizo nada (...) Uno de los chicos me dijo: '¿De qué lloras? Si eres vieja, agradece el favor que te hacemos' (...) Nunca presenté la denuncia, no tenía dinero", afirmó.



ANÁLISIS

"NO SE AVANZÓ
casi nada"Julieta Montaño, directora de la Oficina Jurídica para la Mujer

La directora de la Oficina Jurídica para la Mujer y reconocida defensora de los derechos, Julieta Montaño, manifestó al conocer los resultados de la investigación su preocupación. Expresó que dejó Quillacollo hace 50 años y considera que la situación no ha cambiado. Lamentó la violencia que aún soporta la mujer y la falta de institucionalidad para con un sistema de protección.

"Se ha avanzado poquísimo, porque estamos viendo que no hay una política continua como para poder evaluar los resultados. Son políticas, primero, erráticas, se está avanzando a ciegas, no se sabe el objetivo que se tiene; y segundo, son intermitentes, porque no se ha adoptado como una política de Estado, como una necesidad de la sociedad para transformar estas situaciones.

“Como quillacolleña me genera tristeza esta investigación, porque veo que no se ha avanzado casi nada desde cuando he dejado Quillacollo, hace 50 años. A tiempo de leer las investigaciones y los testimonios de las mujeres, sentía y me parecía que seguía en los años 60”.

“El hombre se cree todavía el dueño y señor de la vida de las mujeres, con una sola diferencia, que algunos disfrazan mejor que otros. Los que están seriamente replanteándose los beneficios o lo que les quita del patriarcado, son muy pocos. A veces uno escucha el discurso que se declaran feministas, a veces quieren sacar una tajada de rédito político de las necesidades de las mujeres”.

“Los casos que llegan a la Oficina es cuando están muy decididas. Pero son muy pocos en relación a lo que sucede realmente. De acuerdo a los datos, el único municipio que realmente registra los casos es Tiquipaya y señala que sólo son tres y eso es un registro terrible, porque no revela lo que realmente está pasando en la sociedad”.

“Eso también está fallando. No hay un registro real porque no hay personal adecuado que se haga cargo de todo esto".

"Tenemos que seguir exigiendo al Estado la necesidad de la institucionalización. No podemos seguir tirando dinero con gente que siempre está empezando de cero".

"Necesitamos que se valore la experiencia, el acumulado de conocimientos que tienen las personas al momento de entrar a trabajar a la función pública. Es un desperdicio permanente de capacidades del Estado cuando se está cambiando al personal por razones mezquinamente coyunturales y políticas".

Tacones altos y guantes de boxeo

¿Cómo lucen las mujeres en el trabajo? Desde mi escritorio en una oficina abierta tengo una buena vista de ocho de ellas. La mayor tiene cincuenta y tanto años, la más joven alrededor de 25. Algunas parecen haber pasado un buen rato ante el espejo antes de venir a la oficina; otras, no tanto. Una lleva el pelo en una cola de caballo enmarañada y una chaqueta de bicicleta en el respaldo de su silla. La segunda está en tacones sorprendentemente altos y vestida de negro. A una tercera (yo) se le ven canas en las raíces del cabello y una mancha de azúcar en la pierna. Algunas lucen como si fueran con frecuencia al gimnasio, otras como si nunca hubieran ido en sus vidas. Todas están sentadas en sus escritorios, excepto una que acaba de pasar por aquí luciendo distraída y con una taza de té en la mano. Dos están comiendo. Ninguna se sonríe. Todas miran sus pantallas, con la cara en blanco.

Esto no tiene nada terriblemente misterioso o sorprendente. Así lucen las mujeres profesionales que trabajan en la oficina de un periódico en el Londres del 2016. Mi motivo por esforzarme tanto en su descripción es que aunque se escribe y se piensa y se habla sin cesar sobre las mujeres en el trabajo, no recuerdo haber visto nunca una fotografía que capte cómo lucen en realidad las mujeres trabajadoras ni lo que hacen.

La semana pasada por fin llegué a leer un informe de McKinsey de 155 paginas titulado “El poder de la paridad.” En éste, algunas de las mejores mentes en el campo de la asesoría toman el tema de las mujeres en la fuerza laboral y llegan a la alegre (aunque increíble) conclusión que si todo el mundo “priorizara la acción” en el “paisaje de la igualdad de género” se añadirían 12 billones de dólares al crecimiento global.

El informe está realzado por fotografías de página entera. Una muestra tres pares de piernas masculinas en idénticos pantalones oscuros y mocasines ligeramente modernos. En el medio de la línea hay un par de piernas desnudas de mujer metidas en serios zapatos de tacón alto. La foto está recortada un par de pulgadas por encima de la rodilla, así que es difícil saber cuán corta es la falda de la mujer –o si ni siquiera lleva una puesta–.

Una segunda foto es una imagen de una madre trabajadora más deliciosa que una joven Sophia Loren. Carga un niño pequeño, y sólo para probar que tiene un cargo importante, lleva chaqueta y anteojos serios y habla por celular.

En el sitio web de la compañía, las cosas no están mucho mejor. Hay una joven bonita con brillante cabello oscuro, escote, y hombros desnudos. Se sonríe tanto que parece estar a punto de estallar. “No vengas sólo a trabajar. Ven a cambiar”, dice el titular. Cambiar qué, me pregunté.

Quizás la ficción fotográfica que todo el mundo en la vida corporativa es joven y delicioso y está loco de alegría no importaría tanto si a los hombres y las mujeres se les tratara con igualdad. Excepto que no es así. En la página inicial de Goldman Sachs hay siete banqueros masculinos y tres femeninas. La mayoría de los hombres son personas principales nombrados y mostrados mientras trabajan. Ahí está Gary Cohn, jefe de operaciones, calvo, canoso y fotografiado hablando formalmente. En contraste, las jóvenes anónimas son totalmente bellas con mucha piel al aire libre y sonrisas ganadoras.

En mi alma máter, JPMorgan, es el mismo cuento. Mujeres locas de contento, todas capaces de haber tenido una gran carrera como modelos si no hubieran optado por la banca de inversión en vez.

Únete a nosotros, dice sobre un par de fotos de un hombre y una mujer. Ella es bella y negra, con una amplia sonrisa brillante, brazos tonificados y un indicio de escote. Él es un blanco típico, de cuello grueso, de espaldas cortas y una sonrisa poco convincente.

Hace un año, Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook y autora de Lean In, protestó de las ridículas imágenes de mujeres trabajadoras que se encontraban en línea: estaba la mujer en tacones altos subiendo una escalera; la mujer en traje de negocios llevando inexplicablemente un par de guantes rojos de boxeo; y la aún más desconcertante foto en la cual una administradora en tacones de aguja caminaba sobre la espalda de un colega masculino.

Para mejorar las cosas se asoció con Getty Images y lanzó la Colección Lean In. Superficialmente esto es una mejora ya que no se ve un solo tacón de aguja, no hay bebés en maletines, y, lo mejor de todo, algunas de las mujeres son bastante mayores. Pero de otro modo sus fotos son aún más engañosas. En el mundo de Lean In todas las personas son modernas y bellas. Todas las mujeres llevan ropa informal y artística, y son fotografiadas contra fondos creativos. Todas lucen imposiblemente felices, excepto una o dos que tienen expresiones intensas, como para comunicar los grandes actos de creatividad espiritual que toman lugar en su interior.

Miro de nuevo a mis colegas. Todavía ninguna sonríe ni luce espiritual. Están trabajando.

Si una empresa quiere mostrar que en realidad valora a las mujeres y quiere priorizar la acción en el paisaje de la igualdad de género, mostrará imágenes de ellas en las que no siempre lucen modernas y vistosas. Simplemente lucen como mujeres en sus trabajos.

Las mujeres deben empoderarse para emprender

El empoderamiento de la mujer es imprescindible para que ésta logre avanzar en cualquier negocio. Esta reflexión parte de la directora del proyecto Bolivia Emprende, Allison Silva, en relación con los datos del último Informe de Desarrollo Humano presentado por el PNUD. Por su parte, Fabrizio Zelada, docente de emprendimientos de la Universidad Católica Boliviana, considera que en el futuro las mujeres liderarán el emprendedurismo en Bolivia.

En el documento del PNUD se establece que el 74% de las mujeres del eje La Paz, Cochabamba y Santa Cruz -tomando incluso las áreas metropolitanas- son emprendedoras por necesidad y que el restante 26% emprende aprovechando una oportunidad.

"El objetivo es ver cómo convertimos a esas personas de emprendedoras por necesidad a la oportunidad”, afirma Silva. "Creo que están afectando de forma directa en la economía y que la mujer tiene un rol protagónico en emprendimientos; ya no sólo es el líder varón que emprende, sino que hay mujeres que tienen todo el conocimiento y el criterio para poder emprender”, comenta a su vez Zelada.

Silva comenta que alrededor del mundo se están realizando iniciativas para empoderar a las mujeres para que puedan pensar en emprendimientos y además para que reflexionen en cómo escalar hasta convertirlos en empresas mucho más grandes. "En Bolivia no hay mujeres emprendedoras con empresas grandes pero de a poco estas cifras están cambiando”, sostiene.

En concordancia con este criterio, Zelada afirma que cuando las mujeres toman la posta del liderazgo comienzan a "darle otra lógica” a los negocios, lo cual se refleja en una tendencia de crecimiento y estabilidad. "Eso es algo que en el mercado valoran las empresas”, dice.

En los últimos 15 años, el nivel de emprendedurismo femenino por necesidad se redujo del 87% al 74%. Según los datos actualizados a 2014, la región metropolitana de La Paz es donde más casos se registran alcanzando el 80%, seguido por Cochabamba con el 74% y la región metropolitana de Santa Cruz, con 71%.

La necesidad obliga a la mujer boliviana a ser emprendedora

Cuando se les pregunta por qué decidieron montar su negocio, todas tienen la misma respuesta. "Por necesidad”, dicen. Unas trabajan con un carrito callejero, otras instituidas en un puesto de feria y algunas, incluso,  operan desde  piezas  alquiladas; pero todas tienen la meta común de sacar adelante a sus familias mediante impulso propio.
 
Estas experiencias coinciden con la información expuesta en el último Informe sobre Desarrollo Humano titulado El nuevo rostro de Bolivia, que fue elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
 
Dicho documento refleja que el 74% de las mujeres del eje La Paz, Cochabamba y Santa Cruz -tomando incluso las áreas metropolitanas- son emprendedoras por necesidad: y que el restante, el 26%, emprende aprovechando una oportunidad.
 
En este texto se define a "las emprendedoras por necesidad” como aquellas mujeres que tienen trabajos por cuenta propia, pero que no son profesionales o patronas y/o empleadoras que generan menos de cinco puestos de trabajo.
 
Luchadoras y valientes
 
Un ejemplo de esa definición es Eusebia Huanca, de 50 años. Lo único y mejor que sabe hacer -afirma- es bordar manteles. Desde hace siete años que instaló su puesto en la Max Paredes y desde hace  tres  optó por trabajar con colaboradores.
 
"Antes hacía manteles y tapetes, ahora hago pura muestra. Tengo personas que trabajan conmigo, ellos hacen, yo sólo vendo las muestras”, comenta. De esa manera, esta emprendedora sacó adelante a sus cuatro hijos ya que no tiene esposo. "Para subsistir está bien, no me quejo”, dice.
 
El coordinador de este Informe, Ernesto Pérez de Rada, explica que en su mayoría existen condiciones de desventaja de las mujeres que trabajan por su cuenta, dado  que deben atender a los hijos, ganan el 44% de lo que perciben  sus pares masculinos y están en puestos de trabajo de baja calidad.
 
"En general las mujeres son predominantemente ‘cuentapropias’ pero sabemos que no todas las cuentapropias pueden considerarse emprendedoras por oportunidad. De hecho, la gran mayoría hace esto en niveles de subsistencia o sencillamente por necesidad”, afirma.

Susana Blanco y sus hijos montaron un negocio de pintado de uñas hace nueve años. Después de deambular de un lado a otro, hoy laboran  a unas cuadras de  San Francisco. Lenny, la hija mayor de Susana, cuenta que incursionaron en ello para mejorar sus posibilidades económicas.
 
"Las mujeres emprendedoras son luchadoras, valientes y fuertes. El que no arriesga no gana. El camino al éxito está empedrado de fracasos; así que sólo cuando emprendes, aunque te vaya mal, ganas experiencia”, sostiene.
 
En los últimos 15 años, el nivel de emprendedurismo femenino por necesidad se redujo del 87% al 74%. Según los datos actualizados a  2014, la región metropolitana de La Paz es donde más casos se registran alcanzando el 80%, seguido por Cochabamba con el 74% y la región metropolitana de Santa Cruz, con 71%.
 
"En las áreas urbanas de Bolivia, la mayoría de las mujeres está limitada para poder optar por un empleo remunerado por la dificultad de conciliar su rol tradicional con sus aspiraciones y necesidades económicas. Por lo tanto, la posibilidad de trabajar de manera independiente a través de emprendimientos es una alternativa no sólo atractiva sino, sobre todo, viable”, dice parte del documento del PNUD.
 
Al caminar por las calles de La Paz, principalmente, las del centro y las cercanas a los mercados, es frecuente ver a personas como Eusebia o Susana, quienes en la mayoría de los casos aprendieron un oficio y se lanzaron a las aguas laborales a buscar suerte.
 

Negocio de pintado de uñas

El negocio de Susana Blanco nació hace nueve años en La Paz. Dada su afición por la pintura, Blanco decidió crear un salón de pintado de uñas para así poder sacar adelante a su familia. Desde un principio, sus hijos de 28, 27 y 25 años, colaboraron para que este emprendimiento saliera adelante y en la actualidad trabajan con dos personas quienes colaboran con los trabajos. "Mi mamá es muy emprendedora, ella le mete a todo”, dice su hija mayor, Lenny.
 
 
Los manteles de Eusebia
 
En un principio, hace más de dos décadas, Eusebia Huanca bordaba manteles para venderlos a pedido. Desde hace siete años trabaja con un equipo de personas, a las cuales contrata para que le colaboren con el trabajo, ya que ella los ofrece y borda sólo muestras para que los clientes encarguen. Sentada en su puesto de la Max Paredes cuenta que tiene cuatro hijos -entre 11 y 25 años- a los cuales sacó adelante sólo con este oficio.
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De la kisa a la caña de azúcar
 
Cuando Sabina Silicuana Mamani, de 39 años,  decidió hace ocho meses invertir en una máquina para moler caña de azúcar sabía que estaba dando un paso importante. "Empecé a vender por necesidad”, explica, mientras la da la yapa a un cliente en pleno  El Prado. Migró de los refrescos de kisa a  su actividad actual; y es consciente de que con ello saca adelante a sus  hijos. En un futuro espera conseguir dinero para comprar otra máquina y emplear a alguien.
 
 
Las fundas para "doras” de Teodora
 
A sus 49 años Teodora Mamani confiesa que no acabó el colegio. Llegó a La Paz muy joven desde Santiago de Huata. "Me animé a montar mi negocio para salir adelante y saber más de la costura”, comenta sentada desde su puesto en la Uyustus. A la cabeza de este emprendimiento, su esposo la ayuda en la confección de fundas para licuadoras, extractoras y todo tipo de "doras”. "Estoy orgullosa de vender  y de haber salido adelante así”, dice.
 

Las esculturas de mármol
 
Aunque heredó de su padre la habilidad para tallar en mármol, Dora Ticona no se inició de manera formal en este oficio sino hasta hace seis años. En aquel entonces la necesidad tocó su puerta. "La venta diaria sale bien, me da mejor que un sueldo”, explica. Mientras muestra pequeños elefantes, sapos  y búhos de mármol. Se considera una mujer emprendedora porque -afirma-  lucha por su familia. "Cada vez que me caigo siempre me vuelvo a levantar”.

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El impacto del maltrato en las mujeres y las violaciones sexuales dentro del matrimonio

¿Violación sexual dentro del matrimonio? Existe y cientos de mujeres la callan porque la violencia se ha naturalizado de tal manera en Quillacollo, que ese tipo de maltrato ni siquiera se considera como tal. Las mujeres que alguna vez quisieron contarle a un policía que sus maridos habían llegado ebrios y las forzaron a tener intimidad a punta de puñetes y patadas, no encontraron empatía ni posibilidad de denuncia. Más bien las regañaron porque al tratarse de sus parejas, “son dueños de sus cuerpos y ellas no deberían haberlos rechazado”.

La investigadora social Giovanna Condarco enumeró varias conclusiones del estudio efectuado en Quillacollo, cuyo objetivo central es visibilizar una realidad que duele:

• Se acepta la violencia como algo natural, las víctimas y agresores consideran que es parte de la vida conyugal.

• Persisten las creencias, prácticas y actitudes machistas que reproducen roles de género en desmedro de las mujeres.

• Pocas campañas para difundir los derechos sexuales y derechos reproductivos de las mujeres.

• La mayoría de mujeres víctimas de violencia no interpone una denuncia por temor a las represalias del agresor, pero también por la presión social que se genera desde distintos espacios como la familia, la comunidad, las propias instituciones públicas, ocasionando que los casos de violencia sexual queden invisibilizados en las puertas de los propios hogares.

• Si bien el conocimiento de la normas por parte de las víctimas es reducido, la burocracia y la falta de recursos económicos obstaculizan aún más la justicia por estos hechos.

• Los mitos que se generan alrededor de la violencia en general, y la violencia sexual en particular, generan temor económico y social en las mujeres, permitiendo y reforzando la naturalización de la violencia como un medio de subsistencia.

• La justicia comunitaria no es una garantía de seguridad y protección para la mujer en el área rural.

Chávez: El maltrato a las adultas no se ve

La violencia contra la mujer se ha naturalizado de tal manera en Bolivia, que el abuso sexual a mujeres adultas no se ve, pasa desapercibido. Los medios de comunicación visibilizan las violaciones a niñas y a adolescentes, pero ignoran lo que les pasa a las adultas, que sufren en silencio las secuelas de vejámenes sexuales dentro y fuera del matrimonio, dijo la coordinadora de Programas de Alianza por la Solidaridad, Magaly Chávez. “La sociedad y las mismas víctimas no quieren visibilizar este problema porque existen prejuicios. Se cree que la mujer adulta consiente, provoca que la violen, lo que no es real.

Ellas optan por sufrir en silencio por miedo a perder respeto de su entorno, por el machismo.

Montaño: Las secuelas son terribles

Este estudio confirma y respalda lo que sabíamos quienes trabajamos con la problemática de la violencia. Pese a que en este tiempo estamos tan cerca de las instituciones, de la información, de los medios, en Quillacollo pervive una cultura machista, patriarcal que no deja que las mujeres levanten la cabeza. La mayoría ni siquiera denuncia las distintas formas de la violencia sexual por miedo a perder su lugar en la comunidad, a ser discriminadas. Y las secuelas van desde daño a la salud mental de estas mujeres, hasta el desarrollo de desconfianza, timidez, daño en su salud sexual, en sus relaciones con otros.

El porcentaje de mujeres gerentes aún no es el ideal

Bolivia, con el 35,1%, ocupa el quinto puesto de los países latinoamericanos que tienen un porcentaje de inserción de mujeres en cargos directivos en América del Sur. "Las opciones que se tiene actualmente y que tienen que ver con las mujeres que ocupan altos rangos en las empresas, tienen que ver con la manera en que nosotras lideramos las mismas porque somos personas que estamos enfocadas en las relaciones, la integración y el trabajo en equipo. Esto no quiere decir que los varones no sigan estos pasos pero está comprobado que en donde hay tanto hombres como mujeres, existe una mayor creatividad y rendimiento", indicó María Carolina Quiñónez, coach internacional especializada en el cambio organizacional y el liderazgo femenino en América Latina. La experta participó del 1er Foro Latinoamericano de Innovación en Salud Ocupacional, en donde presentó un estudio sobre equidad de género.

Lo que dice el estudio. El mismo sitúa a Colombia a la cabeza de la investigación con el 53,1%, luego le sigue Uruguay con el 43,9%, en tercer lugar está Ecuador con el 39,7% y luego Brasil con el 37,3%. Bolivia se sitúa por encima de Venezuela 33,4%, Paraguay 32,3%, Argentina 31% y Perú con el 29,3%.

La conferencia que se brindó, y donde se presentó el mencionado estudio, busca sensibilizar para que se le de más espacio a la mujer en los cargos jerárquicos en Bolivia. "Porque aún existe un embudo en las organizaciones, donde están trabajando las mujeres están trabajando. Y esto se refleja en que solo el 1% de las mujeres se sienta en juntas directivas", destacó.

Una problemática actual. En la actualidad, según dice el estudio, que a pesar de que las mujeres representan la mitad de la fuerza laboral en América Latina, las posiciones de liderazgo empresarial siguen siendo dominadas casi totalmente por hombres, "y es poco probable que esta situación cambie, a menos que las organizaciones inicien procesos que lleven a contar con equipos mixtos y una mayor cantidad de mujeres en sus cargos directivos".

En tanto uno de los objetivos, que se persigue, es poder romper las barreras estructurales y culturales dentro de las organizaciones actuales que frenan el avance de las mujeres, "por ello se requiere un firme compromiso de los altos mandos".

El crecimiento de la mujer dentro de las organizaciones. Para el analista económico, Armando Porcel, en Bolivia esta limitada la temática de género. "Por ejemplo existe una norma que dice que la participación de las mujeres debe ser del 30%".

Aclaró que la participación de las mujeres en la empresa ayuda al rendimiento de la misma. "Pero si están a nivel intermedio corren el riesgo de ser acosadas laboralmente", destacó Porcel.

Finalmente dijo que el ejemplo en empresas internacionales, como de China, donde las mujeres ocupan cargos gerenciales deben ayudar a que se abran más espacios en Bolivia.

Las problemáticas dentro de la empresa. La falta de visión estratégica en la alta gerencia, los patrones masculinos, donde los mismos presentan estereotipos presentes en algunas empresas, y la falta de sistemas de evaluación, promoción y desarrollo, son algunas de las problemáticas que el desarrollo de las carreras femeninas en las organizaciones y empresas.

El invisible sufrimiento de las mujeres adultas violadas en Quillacollo

“Tú eres una mujer adulta, sabías a lo que te arriesgabas, es tu culpa”, le espetó un hombre a su esposa Carmen (nombre cambiado) en el hospital de Quillacollo. Media hora antes ella había despertado en un basurero, ensangrentada, con el alma y el cuerpo hechos un guiñapo.

Carmen tiene 45 años, es dirigente de un sector de los movimientos sociales y su esposo era líder de un sindicato agrario. Horas antes de la pesadilla, Carmen había acudido a una reunión de su sector que concluyó a la una de la madrugada. Tomó un taxi para irse a su casa. “Me sentía fuerte y segura siendo dirigente. Pero cuando el taxi se desvió del camino me sentí una mujer muy vulnerable”.

Otro hombre subió al taxi, la golpeó brutalmente cuando ella intentó bajarse. Ambos varones la violaron y la asfixiaron. Luego arrojaron su cuerpo maltrecho a un basural, pensando que estaba muerta. Ni una sola persona de las que supieron de su tragedia se preocupó por cómo estaba ella, por dentro. “Oía decir a los policías: dirigente había sido, seguro se fue a tomar y no se acuerda con quién se acostó. Ya están acostumbradas a eso” .

La obligaron a contar todo más de tres veces, la examinaron sin ninguna consideración y la lastimaron. “Pero, lo peor fue escuchar a mi esposo culpándome, diciéndome que eso me pasó por libertina, por callejera, por mujer”.

Sus compañeras le dijeron que no era la única que pasó por eso. “Ya te olvidarás, tienes que ser fuerte, a todas nos pasa alguna vez”.

El rumor de lo que pasó rápidamente y otros hombres de los movimientos sociales la trataban como si ya no mereciera respeto. Trataban de manosearla y la miraban con lujuria.

Su esposo la abandonó, se fue a Potosí con sus dos hijas. Su madre la culpó también por meterse en política. Además, seis meses después de la violación le diagnosticaron VIH. Carmen entró en depresión. Esa había sido la gota que colmó el vaso. Desde niña había convivido con la violencia. Creció viendo a su papá golpear salvajemente a su madre. Las autoridades comunitarias solo les recomendaban que llamen a sus padrinos.

“La madrina le decía a mi mamá que el hombre siempre tiene razón, que es mejor no hacerle renegar, si te pega es porque eres muy rebelde, mejor te iría si te callas”. El día que descubrieron a su padre violando a su hermana menor, Carmen y su madre decidieron huir de la comunidad con la menor víctima y se fueron a Tiquipaya.

“Pensé que al convertirme en dirigente ya era fuerte y que nadie me trataría como a mi mamá o a mi hermana. Luego de la violación intenté suicidarme dos veces. Me siento tan sola” .

EL HORROR DE ESTER “Es muy duro ser mujer porque hay cosas que una debe callar, para evitar más desgracias en la vida”. Así comienza el testimonio Ester, una mujer de 60 años que es viuda desde hace seis y vive en un sindicato agrario de Quillacollo. Su historia es trágica. Creció viendo a su padre golpear a su madre y por ello soportó, años después, que Juan, el albañil, con el que se había casado, la maltrate de la misma forma. Luego de la muerte de Juan al caer del quinto piso de una construcción, sus hijos mayores hicieron su vida y ella se quedó con los dos menores. Hace tres años, al volver del colegio, su hija fue atacada, violada, quedó embarazada y dio a luz un niño. Su hijo menor, deprimido por la muerte de su padre, dejó el colegio, entró a una pandilla y se hizo adicto al alcohol. Hace dos años, llegó ebrio a la casa un viernes. “Yo estaba sola con mi nieto, mi hija viajó a buscar trabajo. Mi hijo y sus cuatro amigos patearon la puerta, me pegaron y me exigieron que les prepare comida. Escondí a mi nieto bajo la cama porque querían pegarle. Luego que les serví la comida sentí un golpe que me tumbó al piso. Mientras unos me agarraban, otro me violaba. Los cuatro abusaron de mí. Mi hijo no hacía nada, solo miraba. Yo lloraba y uno de sus amigos me dijo: ¿De qué lloras? Eres vieja, debías agradecer el favor que te hacemos. ¿Quién te creerá si estás vieja? Ya no sirves”.

Ester no denunció el delito a la Policía. Ya lo había intentado cuando su hija fue violada, pero le pidieron dinero para la investigación y lo que ganaba solo le alcanzaba para comer. “Me sentí sucia, adolorida y muy sola. Desde entonces no volví a ver a mi hijo menor, no volvió más”. Ester dice que si les contaba a sus otros hijos, ellos matarían al menor. “¿Y la gente qué me iba a decir? Todos iban a pensar que yo provoqué a esos chicos, así es la gente por acá. Para evitar más desgracias me callé, pero nunca olvidaré lo que me hicieron, hasta el día en que me muera”.

Diagnóstico

en provincia Quillacollo

Alianza por la Solidaridad Internacional realizó una investigación “Impacto de la violencia sexual en la vida de las mujeres en la provincia Quillacollo”. El estudio se efectuó en 5 municipios: Quillacollo, Tiquipaya, Sipe Sipe, Colcapirhua y Vinto, de noviembre de 2015 a enero de 2016. La investigación encuestó a 397 mujeres.

Resultados en cifras

* Cuatro de cada 10 mujeres sufrieron algún tipo de violencia sexual alguna vez en su vida.

* Cuatro de cada 10 mujeres sufrieron algún tipo de acoso sexual (verbal o físico), a lo largo de sus vidas.

* Tres de cada 10 fueron víctimas de violación, 2 de ellas por parte de sus parejas y 1 por otra persona.

* El 56 por ciento de las mujeres que ha sufrido violencia sexual estaba divorciada o separado.

* Entre las adultas que sufrieron algún tipo de violencia sexual, el 49,5 por ciento tenía entre 31 y 60 años, el 38,3 por ciento entre 18 y 30 años. Las mujeres de 31 a 60 años que fueron violadas representan el 34,7 por ciento .

La provincia más violenta

La violencia contra la mujer registra elevados índices en el departamento de Cochabamba. Sin embargo, la Alianza por la Solidaridad Internacional, escogió Quillacollo para su investigación sobre el “Impacto de la violencia sexual en las mujeres” porque es la provincia donde ocurre la mayor cantidad de feminicidios y de violencia sexual contra las mujeres, según la investigadora social que llevó adelante el estudio Giovanna Condarco.

QUE ES VIOLENCIA SEXUAL

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como: “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseadas, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”. Empero, en Quillacollo, este tipo de violencia y su impacto están invisibilizados.