lunes, 23 de mayo de 2016

Jennifer Salinas, retrato de una madre guerrera

FUERZA | LA BOXEADORA BOLIVIANA, ADEMÁS DE CAMPEONA, ES UNA MADRE AMOROSA, UNA AMANTE ENTREGADA Y UNA MUJER LUCHADORA QUE ENFRENTA TODAS LAS PELEAS QUE LA VIDA LE PRESENTA.

Franca, sin tapujos, sin que ni una vez le tiemble la voz que tiene esa entonación cruceña tan dulce, la campeona mundial de boxeo femenino, la boliviana Jennifer Salinas, nos cuenta en esta entrevista vía Skype, cómo ha sido que se ha convertido en “La reina del ring” y cómo ha desarrollado una carrera que no ha estado exenta de obstáculos, de los más duros que debe vivir una persona, pero que la han convertido en una mujer fuerte que se ha sobrepuesto a todo lo que la vida le puso en frente. Y que piensa seguir haciéndolo.

Madre, amante, deportista pero sobre todo libre, Jennifer ha dejado atrás un pasado muy difícil y aunque confiesa que aún le falta bastante para ser absolutamente feliz, no reniega de ninguna de las decisiones que ha tomado.



DESDE LAS CENIZAS

Jennifer Salinas, (30 de junio de 1982), nace en Virginia (EEUU). Tiene cuatro hijos, tres propios y la mayor a la que crió desde sus tres años. Los niños tienen 17, 12, 8 y 4 años. Viven unos días con su padre y otros con ella, a raíz del divorcio y de una sentencia de custodia compartida. Actualmente Jennifer radica, junto a su pareja, la también boxeadora Shelito Vincent, en Rhode Island.

A sus tres años Jennifer se traslada con su familia (de origen cochabambino) a Santa Cruz, donde vive hasta los 15 años, que es cuando sus padres se separan y ella regresa a Estados Unidos con su madre mientras que su hermano se queda con su padre. “Algo así como tú te quedas con el perro y yo con el gato” bromea, aunque se nota que esa división no fue sencilla para ella.

En Virginia, luego de vivir años de rebeldía y frustración, Jennifer, de 19 años, encuentra en el boxeo una salida al dolor que había acumulado a lo largo de mucho tiempo.

“Empecé a boxear por rebeldía, estaba peleando mucho y no encontraba algo que me llene. Siempre estaba brincando de un deporte a otro, hice natación, fútbol, lucha libre, pero nada me llenaba hasta que encontré el boxeo y ahí fue que me quedé hasta hoy.”



-¿Crees que hubieras sido boxeadora si te quedabas en Bolivia?

“No. Honestamente no creo que estaría viva si no hubiese empezado el boxeo en Estados Unidos. Cuando empecé a boxear estaba en un momento de mi vida en el que ya había intentado suicidarme; estaba con amistades que no me estaban guiado por un buen camino, pensaba constantemente en la muerte y todo lo que hacía era negativo. Odiaba, me odiaba a mí misma, odiaba a todos a mi alrededor y creo que si no boxeaba, eventualmente iba a terminar en drogas o posiblemente muerta por pelear con la persona equivocada.

Ahora que soy mujer y que entiendo un poco más de la vida, estoy segura que mi actuar de ese entonces estaba relacionado con el abuso que sufrí cuando era niña, pero en ese tiempo yo no sabía por qué sentía tanto odio. Vivía con malos recuerdos, vivía con rabia, con enojo por el rechazo de mi padre, por las violaciones que sufrí. Vivía con odio, pero no estaba segura de por qué: Era una niña enojada y frustrada.”

Cuando Jennifer era una niña de cinco años y hasta los nueve, fue violada por un trabajador de la familia, a quién denunció públicamente hace poco en un video que colgó en YouTube y que se titula “Palabras a mi violador”, (https://www.youtube.com/watch?v=ur8IL40Xems). Para Jennifer, esto fue una especie de catarsis, que sin que ella quisiera se viralizó y fue compartido por miles de personas.

“No hice el vídeo con la intención de que se vuelva viral o público; lo hice en un momento donde estaba totalmente enfocada en mi dolor. Cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo, que muchas personas lo estaban compartiendo, y que muchas víctimas de violación me contestaban para compartir sus testimonios conmigo, supe que podía no solamente ayudar a mucha gente, avergonzar a mi violador (porque eventualmente hice público su rostro y su información), sino también encontrar paz. El vídeo me ayudó muchísimo cuando encontré valor para poder hablar de lo que me había pasado, y pude saber que fue un beneficio para todos el haberlo hecho, sobre todo para las muchas personas que pudieron identificarse conmigo.”



-Antes del vídeo que hiciste, ¿hubo algún proceso de sanación?

“No. Me estaba volviendo loca. Todos los días pensaba en lo que había sucedido como si estuviese sucediendo de nuevo, me despertaba pensando en eso, iba corriendo a los cuartos de mis hijos para asegurarme de que nada les estaba pasando. Cuando trataba de estar íntimamente con mi esposo lo único que podía pensar era en lo que me habían hecho de niña. El sabía lo que me había sucedido, yo siempre fui muy honesta con él y me decía, "soy yo, soy tu esposo" pero yo no podía. Mi mente me llevaba solamente a pensar en el abuso que pasé. Y cuando hice el vídeo dirigido a mi violador, finalmente le pude hacer el amor a mi esposo, no muchas veces, pero pude hacerlo. Me quité un peso de encima al poder desquitarme, poder vengarme a mi manera.

Yo no podía ir hacia el tema legal porque no tenía las pruebas, era mi palabra contra de él, así que mi venganza fue ese vídeo y mostrar su cara.”



-¿Qué les aconsejarías a los padres y madres para que eviten que sus hijos sean abusados como te pasó a ti?

Aconsejaría la comunicación más que nada, y no hacer que el sexo sea considerado algo malo. Muchos padres y madres, por la manera en la que se expresan, van convenciendo al niño o a la niña de que el sexo es malo cuando en realidad es algo bello, pero hay tiempo para todo. Hay que tratar de elegir bien las palabras, y tener mucha comunicación con los niños para explicarles sobre el buen toque y el mal toque, sobre qué pueden hacer si alguien les hace daño, y cómo ese daño va a parar si ellos se comunican con sus padres. Es una cosa que yo he hecho con mis hijos, y debo decir con toda honestidad que quizá he exagerado un poco, pero prefiero ser yo su trauma, a que venga alguien y les haga daño físicamente. Mis niños saben que pueden confiar en mí y decirme si algo les pasa.

Otra sugerencia que les hago a los padres y madres es que no permitan que sus hijos se sienten en la falda de otras personas porque nunca saben las intenciones de ese adulto. No es necesaria la penetración para el abuso, pero si hay frotamientos, toques y conductas depravadas hacia los niños y hay que estar alertas.

Es importante también observar la mirada de quienes están alrededor de tus hijos. Yo siempre me fijo dónde están mirando a mis hijos y siempre trato de tener la guardia en alto. Pero lo más importante es la comunicación, y sobre todo creer en tus hijos porque lo más importante para las víctimas es romper el silencio.”

Desde agosto del año pasado, Jennifer vive con su pareja. La relación ha cambiado a la “reina boliviana”, que dice que por fin ha conocido lo que es el amor sin condiciones. Aunque se lleva muy bien con su ex marido, quien conoce a Shelito, y muchas veces siguen saliendo con su exesposo y los niños, Jennifer dice que no ha presentado aún a sus hijos a su nueva pareja porque cuando esto suceda, tiene que ser un momento único.

“Todavía no hemos pasado un día con mi pareja y los niños porque no hay apuro y porque tiene que ser un momento muy especial, así que por ahora, como la separación está todavía muy fresca, aprovecho de estar solo con mis niños.”



JENNIFER MAMÁ

“Como madre trato que mis hijos sepan que soy su amiga. Soy una madre estricta cuando tengo que serlo pero la mayoría del tiempo soy bastante juguetona. Mis hijos saben que pueden confiar en mí para lo que sea y creo que soy más amiga que madre. Soy estricta con la limpieza, con los quehaceres de la casa y para mi es muy importante que estén practicando algún deporte. Siempre trato de rescatar la importancia del deporte. Pero no es que yo sea una madre muy diferente a las demás por ser boxeadora, aunque nuestro estilo de vida no es muy tradicional porque el enfoque en mi vida, además de mis hijos, es el boxeo. Ellos me acompañan bastante al gimnasio, a veces tienen que sacrificar su tiempo para poder estar a mi lado y para poder ver cómo su madre cumple con sus sueños, pero aparte de eso no soy diferente a otras madres.

Mi forma de castigo, como hacen muchas madres hoy, es quitarles el celular, la Tablet o dejarlos sin televisión, pero no sin antes darles tres advertencias. Otra cosa que hago con la menor de mis hijas es darle sus advertencias y si no me hace caso la mando a la esquina, y eso es lo peor para ella. Hay mucha psicología detrás de todo. Y si de verdad me están enojando, les tiro un zapato como buena madre latina, pero eso es en un caso extremo” (se ríe).

La experiencia que ha marcado su vida respecto al abuso sexual, y además a la violencia que sufrió su madre en manos de su padre, y ella misma, ha determinado que Jennifer sea muy estricta en cuanto a enseñarles a sus hijos, sobre todo al varón, la importancia de respetar a las mujeres y atesorar una buena y sana relación.

“A mi hijo varón trato de inculcarle el respeto hacia la mujer y he usado mi matrimonio como un mal ejemplo de lo que es una relación. Yo soy una mujer honesta y no voy a dejar que mis hijos piensen que mi matrimonio con su padre ha sido una relación normal porque no lo ha sido. Siempre les digo que si no hay amor en una pareja, ellos tienen que tomar la decisión que sea mejor para ellos. En un matrimonio tiene que haber amor, no pueden discutir cómo su padre y yo hacíamos enfrente de ellos. Mis hijos me han preguntado por qué su padre y yo estábamos juntos si no nos queríamos y peleábamos todo el tiempo, pero yo nunca les he dicho que eso era algo normal en una pareja porque eso no debe ser considerado así. Si les haces creer que eso está bien van a crecer haciendo lo mismo, así que ellos saben que hay maneras de arreglar los problemas: Ellos han aprendido de nuestros errores.”

La hermosa boxeadora confiesa que, pese a todo lo que ha pasado, la etapa más difícil en su vida es la que vive actualmente porque ya no puede despertarse al lado de sus hijos como lo hacía antes. Y cuando habla de sus momentos con ellos, la voz se le derrite. “El momento más difícil de mi vida es este por el simple hecho de que ahora no puedo despertar al lado de mis hijos todos los días como antes. El acostarlos es una rutina muy especial. Cuando mis hijos se van a dormir les doy masajes porque soy masajista, rezamos juntos, les hago un show de títeres, leemos libros... Es algo muy difícil imaginarme a mis hijos tristes en los días en los que no están conmigo, ha sido una transición muy difícil para todos. Ahora han pasado ya unos meses y todo está más tranquilo, pero es muy duro.”



-¿Eres feliz?

“De una manera muy egoísta te diría que sí, pero por el tema de mis hijos no puedo decir que soy feliz por completo. Me gustaría tenerlos todo el tiempo, pero si fuera así los separaría de su papá que es un excelente padre. Es muy difícil responder esta pregunta. En mi vida personal, en mi vida con mi pareja, estoy muy feliz, finalmente estoy viviendo y no sólo existiendo, pero me hacen falta mis hijos.”



EL AMOR EN EL RING

Jennifer y Shelito hacen una linda pareja. Y ellas lo saben. Jennifer es muy hogareña, se ocupa de que Shelito coma bien, le arregla la ropa, le lleva el desayuno a la cama y la mima como cualquier mujer enamorada hace. Pero la forma en la que comenzaron a ser pareja, es sin duda peculiar. Tienen un entrenador en común y él les ha dicho que está absolutamente en contra de que se enfrenten en una pelea, pero el comienzo de su relación nació gracias al ring.

“Nos conocimos por medio del boxeo, teníamos una pelea pactada pero por alguna razón la pelea no se dio aunque ya habíamos abierto esa puerta. Nos empezamos a comunicar por medio del Facebook y nos dimos cuenta de que había atracción. Ella me preguntó si me atraían las mujeres y le dije que sí. Coincidimos en un campamento de boxeo. Una noche estábamos con otras boxeadoras y ella comenzó a decir que me podía ganar en el ring y eso me molestó, aunque era una broma, pero yo soy bastante competitiva y cuando ya las chicas estaban durmiendo le dije “Vamos al gimnasio y peleemos”. Nos fuimos al gimnasio a medianoche, no quisimos prender las luces para no llamar la atención y empezamos a pelear con la luz apagada. Peleamos 10 asaltos y nos pegamos mucho; la pelea fue profesional porque las dos somos deportistas profesionales, no fue una pelea callejera sino de pura técnica de boxeo y fue un momento bastante intenso. Más o menos en el séptimo asalto ella me dio un beso. Ahí nos dimos cuenta de que había algo especial y así siguió creciendo”.



-¿Qué es lo que más te gusta de ella?

“Lo que más me gusta de Shelito es que es buena en todo lo que hace, es muy atleta, ha practicado muchos deportes, tiene un talento innato y eso es algo que admiro y me llama mucho la atención. Además está la conexión que tenemos aparte del boxeo y es lo que nos pasó de niñas, porque ella también es víctima de abuso sexual infantil. No tenemos siquiera que hablarnos, no tenemos que decirnos que estamos pasando por un mal momento, bastan sólo nuestras miradas. Muchas veces nos hemos abrazado y hemos llorado juntas sin tener que decir nada porque sabemos por qué estamos llorando.

Obviamente tenemos peleas como cualquier pareja, pero más allá de eso conocemos nuestro dolor y nos tenemos la una a la otra para poder consolarnos. Es algo más intenso de lo que he sentido en otras relaciones amorosas durante mi vida y sé que ella, aparte de ser mi amante es mi mejor amiga.”



-¿Qué les dirías a las personas que sufren de homofobia?

“Mi mensaje a quienes tienen homofobia es que lo que funciona para mi, lo que me hace feliz, no significa que deba hacer feliz a otra persona ni que esa persona tenga que estar de acuerdo. Cada quien toma sus decisiones dependiendo de la situación en la que está y en lo que le provoca felicidad y en lo que le soluciona la tristeza, y eso para mí es mi relación con Shelito. Mi consejo a esas personas es que dejen vivir, que entiendan que cada quien tiene su vida, que cada quien tiene sus situaciones y que por lo tanto tiene derecho a tomar sus propias decisiones como adulto. Si no están de acuerdo con ello, que dejen vivir pero calladitos. Si no hay nada bueno que decir, mejor no decir nada porque final del día no le estamos haciendo daño a nadie.

Es muy fácil criticar y dejar un comentario ofensivo en las redes sociales. A nosotras, por ejemplo, nos han amenazado, me han llegado mensajes diciendo que nos van a dar pedradas si nos ven caminando por las calles en Bolivia. Imagínate cómo nos sentimos. ¡Y no le estamos haciendo mal a nadie, simplemente somos felices! No entiendo por qué les cuesta tanto a algunas personas entender, aceptar o siquiera considerar que eso es posible. Es porque no conocen y lo que no conocen, los asusta y lo que asusta provoca rabia, y ahí vienen los tabús, los comentarios y el estigma. Pero yo quisiera que la gente me acepte por cómo soy y estén felices por mi felicidad.”



"Honestamente no creo que estaría viva si no hubiese empezado el boxeo en Estados Unidos"

"Cada quien toma sus decisiones dependiendo de la situación en la que está y en lo que le provoca felicidad y en lo que le soluciona la tristeza"





RETRATO DE UNA MADRE GUERRERA

“He firmado contrato con un manager que me está gestionando peleas importantes. Además al estar en una relación con otra boxeadora mundial, los contratos crecen más aún, así que se me están abriendo muchas puertas. Creo que este año será el mejor desde que empecé.”

En agosto de este año, Jennifer y Shelito llegarán a Cochabamba para hacer terapia por primera vez en el centro “Una brisa de esperanza” (CUBE), que se especializa en las víctimas de violencia sexual. “Conozco a las personas que trabajan en él, lo mucho que han ayudado a las víctimas, y confío en ellos. Además soy embajadora de este centro. Quiero decirte algo, que no le he dicho a nadie: Cada vez que regreso a Bolivia siento una energía negativa de muchas personas hacía mí, sobre todo hombres. Debe ser por la experiencia de abuso que sufrí allá. Es un sentimiento que tengo en el alma y quiero saber que cuando esté allá, ese sentimiento se va a ir y la única forma de que pase ello, es hacer mi terapia en Bolivia.”

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