miércoles, 10 de agosto de 2016

Mujeres oficiales y sargentos ganan espacios en la Armada

María Griselda Borda Orellana se considera, por encima de todo, militar. Realizó sus estudios, junto con cuatro de sus compañeras, en Venezuela, adonde fue enviada con una beca el año 2009. Forma parte de la primera camada de oficiales mujeres de la Armada Boliviana.

Tiene 24 años y nació en Cochabamba. Viste su uniforme blanco, característico de la Armada, lleva el cabello recogido y mide un poco más de 1.70 metros de altura. La alférez Borda es una de las cinco primeras oficiales navales de Bolivia y se siente orgullosa por ello.

Su grado de alférez, con un galón dorado y una estrella del mismo color, es equivalente al de subteniente del Ejército o de la Fuerza Aérea.

¿Qué le motivó a ingresar en la Armada Boliviana? Su respuesta es precisa: su amor por la Patria y el anhelo que tienen todos los bolivianos de retornar al mar. Ella quiere contribuir desde esta institución con su capacidad física e intelectual.

Los consejos que recibió de sus tíos, también militares, terminaron por convencerla de que su vocación era ser parte de la institución militar.

Considera que es importante que haya mujeres en la Armada Boliviana, porque ellas pueden aportar en el desarrollo del país, en un momento tan trascendental como el que estamos viviendo.

Durante su formación como cadete en Venezuela, la oficial naval y sus compañeras nunca recibieron un trato preferencial, por ser mujeres, y realizaban los mismos ejercicios que sus pares varones.

Una de las mayores dificultades que atravesaron las primeras cadetes que estudiaron en las escuelas de formación militar, según la alférez Borda, es que a los hombres les costaba aceptar a mujeres en los mismos ambientes, realizando las mismas actividades que ellos.

Incluso -agrega- muchas mujeres aún piensan que la carrera militar es solo para los hombres, por lo que no se animan a estudiar en uno de los institutos que funcionan en los diferentes departamentos del país.

Borda confiesa que se siente realizada tras haber alcanzado su primera meta, graduarse como alférez, y agrega que en la Armada los hombres y mujeres militares se complementan en busca de objetivos comunes.

PARACAIDISTA

Carla Susana Quiñejo Cruz egresó de la Escuela de Sargentos de la Armada en 2014, tras completar tres años de estudio en Loma Suárez, Trinidad.

Su afición por el paracaidismo la llevó hasta el Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE) de Cochabamba, donde realizó este curso como la primera sargento de la Armada Boliviana.

Completó tres saltos durante este curso y afirma que fue una experiencia única. “Si bien existe el miedo, se lo vence en el aire”.

Durante el curso de paracaidista militar, que realizó en el CITE, entrenó al igual que los sargentos, realizando los mismos ejercicios y bajo la misma presión, sin privilegios “porque necesitábamos una buena preparación física para no sufrir lesiones en la caída”.

Asegura que saltará nuevamente en paracaídas cuando se le presente una oportunidad.

La sargento inicial Quiñejo realizó otro curso en Trinidad, el de operaciones ribereñas, que consiste en el manejo de lanchas, operativos, patrullajes y supervivencia en el monte.

Este curso, denominado caimán negro, se realiza en forma obligatoria durante un mes y medio.

SU SUEÑO

Quiñejo nació en La Paz. Desde temprana edad albergó la esperanza de ser parte de las Fuerzas Armadas y su proyecto cobró fuerza cuando su tío, de profesión militar, le empezó a hablar sobre la Armada Boliviana.

Cada vez que salía de su colegio y caminaba rumbo a su casa, le llamaba la atención ver a damas cadetes, del Colegio Militar de Irpavi, y decidió seguir esta carrera.

Viajó a Loma Suárez, Trinidad, para incorporarse junto con otras 59 jóvenes a la Escuela de Sargentos de la Armada.

Unos meses antes de postular a la Armada se había preparado en las materias de inglés y matemáticas, además de la parte física para rendir el examen de admisión.

Al concluir los tres años de formación, tan solo 17 de las 60 jóvenes que habían empezado culminaron la carrera. La mayor parte se alejó de la institución a causa de enfermedades y por el bajo rendimiento en sus estudios. Quiñejo señala que una vez que egresan como sargentos se acostumbran de tal manera a la vida militar que es muy difícil dejarla.

Respecto a la instrucción militar y a los ejercicios físicos, la sargento inicial afirma que como alumnas rendían igual que los varones y no tenían privilegios especiales.

SU PRIMER DESTINO

Cuando se graduó como sargento inicial, a finales de 2014, Quiñejo fue destinada al Batallón de la Policía Militar 2, en Carcaje, para trabajar como instructora de premilitares.

Ver a una mujer militar, con el grado de sargento, llamaba la atención de los premilitares (hombres y mujeres), por lo que Quiñejo aprovechaba los descansos para explicarles dónde se podía estudiar, los requisitos de admisión y los beneficios de seguir una carrera militar.

Sus explicaciones motivaron a varias de sus premilitares mujeres a postular para la Escuela Militar que funciona desde el año 2014 en Cochabamba.

Otros premilitares optaron por ir a la escuela de Loma Suárez.

En su familia, una de sus primas decidió ingresar en la Escuela Naval Militar y está ahora como cadete de primer año.

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