martes, 22 de mayo de 2012

Pamela Fernández “Almuerzo cada día con mi papá en la cárcel”

“Fue algo muy difícil y drástico, nunca me imaginé ver a mi padre preso. Esto cambió mis planes y mi vida dio un giro de 180º

El sufrimiento de ver a su progenitor tras las rejas ha templado su carácter y fortalecido su fe en que su incesante lucha por su liberación no es en vano. Ella es Pamela Fernández Soria, la hija menor del exgobernador de Pando, Leopoldo Fernández, que se encuentra recluido desde hace cuatro años en el penal de San Pedro.
Su esbelta figura llama la atención entre los centenares de trabajadores y autoridades que circulan por los ascensores o las graderías del Palacio Legislativo. Me percaté que el acento de su voz y su fisonomía contrastaban con el clima gélido de un día lluvioso en la sede de Gobierno. Trabaja como asesora del senador de Convergencia Nacional, Roger Pinto.
A pesar de esta oportunidad que le dio el jefe de bancada de la oposición, para aplicar sus conocimientos en un proyecto en pro de los presos políticos, sus ojos delatan la tristeza de su alma, aunque con la firmeza de su voz intenta demostrar lo contrario. O será como ella dice: “ahora es más soportable que en un principio… tal vez me acostumbré pero nunca me resignaré”.

- ¿Le tocó ser el rostro más visible de las Fernández, tras el arresto de su padre?
- Me tocó desempeñar ese rol porque cuando sucedió aquello, la única que podía hacerse cargo de la lucha en todo su conjunto era yo, porque no tenía familia, hijos y responsabilidades. Por eso es que llevé a cabo este movimiento, además de ser la única que le interesa estar en contacto con los medios de comunicación. Mis hermanas son más hogareñas y tienen sus compromisos.

- Desde los sucesos de Pando, ¿todas viven ahora en La Paz?
- Dos de las cinco hermanas vivimos en La Paz y tres en Cobija. Mi madre está conmigo también acá (La Paz).

- ¿Cuándo empezó el drama de su familia?
- El 11 de septiembre de 2008 se suscitaron los acontecimientos de El Porvenir. Y fue entonces cuando empezó todo esto que estoy viviendo. Recuerdo muy bien, precisamente ese día me estaba yendo a vivir a Boston (Estados Unidos). Tengo todavía el boleto del avión como un mal recuerdo, pero un recuerdo al fin.
Me había matriculado para hacer una maestría, porque siempre me interesó especializarme en marketing político. Quería manejar las campañas de los candidatos. Pero el 16 de septiembre lo toman preso a mi padre. Fue secuestrado de una manera cobarde, por un centenar de militares. Entonces adopté la decisión de quedarme, a pesar que tenía cancelado el 20% en la universidad de Boston.

- ¿Le interesaba la política como una forma de seguir los pasos de su padre?
- Nunca me había interesado el tema de la política, en la que yo sea el rostro, pero sí poder manejar la campaña de algún candidato. Por eso me estaba yendo a hacer la maestría en Boston y sucedieron todos estos hechos que son de conocimiento público. En ese momento olvidé el viaje y decidí ponerle el hombro a mi padre, que había sido siempre el pilar de la familia. Por eso dije: me quedo y voy a llevar a cabo esta lucha por mi papi, porque si Dios me está poniendo estas pruebas, él me ayudará.

- ¿Cómo interpreta el giro que dio su existencia?
- En septiembre van a ser cuatro años. Fue un cambio totalmente drástico, nunca me imaginé vivir lo que estoy pasando. Cambiaron mis planes radicalmente. Mi vida sufrió un giro de 180º. Vivir en La Paz era algo que no estaba nunca en mis planes y sin embargo tuve que hacerlo para acompañar a mi papi. Fue un cambio muy duro. En su momento costó más de lo que cuesta ahora. Pero creo que todo ser humano es un animal de costumbres y al fin y al cabo ya me estoy habituando a esto, no resignándome, porque sigo luchando y no voy a descansar hasta ver a mi padre en libertad y en casa con su familia.

- ¿Cómo se siente por abandonar sus objetivos?
- Tristeza. Tenía tantos planes, pero todo cambió de repente, aunque como digo, ahora es mucho más llevadero de lo que fue en su inicio, porque no era lo que quería.
Yo me imaginaba haciendo mi maestría en Estados Unidos y quizá trabajando en un organismo internacional, algo que iba con mi carrera que culminé en Santa Cruz.
Esos eran mis planes quedarme por allá, dos, tres o cuatro años.
- Estos cuatro años cargando una cruz, es obvio que la hicieron madurar de golpe...
- Es impresionante pero así es. Siempre que tengo la posibilidad de hablar digo que definitivamente era una niña, la menor de la familia, la adulada. Mi mundo era color de rosa. Todo lo que quería lo tenía y no solamente en el aspecto económico, sino que trataban de darme gusto en muchas cosas. Mi vida había sido fácil, si se lo puede llamar así, hasta esa edad, por eso fue un golpe tremendo. Sentir que no sabía hacer algo sola, porque siempre mis padres con su proteccionismo nos facilitaron todo, me dolió. Eso tiene su lado positivo y también la parte negativa. Me costó mucho, al igual que a mis hermanas, enfrentar esta injusticia. Estábamos acostumbradas a que nos resuelvan las cosas. Pero si se le puede sacar algo positivo a esto, es que me ha ayudado bastante a ser una persona autosuficiente.

- ¿Qué rescata del giro que dio su existencia?
- El haber logrado ser independiente. Esa era una de las principales cosas por las me quería ir a Estados Unidos, para crecer como persona y madurar; más allá de crecer en mi ámbito profesional, pero nunca se sabe lo que tiene Dios preparado para uno. Al fin y al cabo era para el mismo objetivo lo que me cambió el rumbo, obviamente con dolor, con sufrimiento.
Este es el camino que Dios escogió para mí, para que cumpla mi objetivo y es así como lo conseguí.

Ella

Pamela Fernández Soria nació el 18 de enero de 1984, en el hogar de Leopoldo Fernández Ferreira y Pilar Soria de Fernández, en la capital de la legendaria tierra de la goma, Cobija (Pando).
Es la menor de las cinco hijas del matrimonio Fernández Soria. Estudió hasta el bachillerato en La Paz y se graduó de Relaciones Internacionales en Santa Cruz. Trabaja en el Senado e intenta ayudar a su padre preso.

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